Un remezón de alto impacto sacude al sistema de salud de Ñuble justo cuando enfrenta uno de sus desafíos más complejos en décadas: la puesta en marcha del nuevo Hospital Regional.
La no renovación de la directora del Hospital de Chillán, Luz María Morán Ibáñez, y de la directora del Servicio de Salud Ñuble (SSÑ), Elizabeth Abarca Triviño, ambas designadas bajo el sistema de Alta Dirección Pública (ADP), abre un flanco de incertidumbre en un proceso que exige, según la oposición, continuidad técnica y conducción experimentada.
Morán, a semanas de cumplir tres años como directora del Hospital de Chillán, fue notificada de que no seguirá más allá de junio. En paralelo, Abarca, directora del Servicio de Salud Ñuble, corrió la misma suerte. Así, los dos principales cargos sanitarios de la región quedarán vacantes y podrán ser subrogados hasta por seis meses, mientras se desarrollan concursos ADP que, según actores del sector, suelen favorecer a quienes ya ejercen interinamente.
Escenario de “alta complejidad”
El momento no es trivial. La salida de ambas autoridades coincide con el inminente traslado hacia el nuevo recinto hospitalario, un proceso que se extenderá por al menos cuatro meses, y que implicará, incluso, mantener operativos dos hospitales de forma simultánea en determinado momento. Un escenario que desde el mundo clínico es calificado como de “alta complejidad” y que requiere conocimiento acumulado y liderazgo consolidado.
Pese a ello, desde el Gobierno se busca transmitir tranquilidad. El delegado presidencial, Diego Sepúlveda, sostuvo que “estos procesos se analizan con responsabilidad (…) Los cambios responden a evaluaciones técnicas y buscan asegurar la mejor conducción posible de los servicios de salud”. Añadió que “la continuidad de la atención está garantizada”.
“Es un acto irresponsable”
La lectura en el territorio dista de ser homogénea. El gobernador regional, Óscar Crisóstomo, fue categórico. “Remover en este momento de su cargo a la directora (…) es un acto irresponsable”. A su juicio, “cuando las determinaciones políticas se imponen por sobre la experiencia técnica (…) se pone en riesgo una transición sanitaria clave”.
Las críticas también alcanzan al diseño institucional. La senadora Loreto Carvajal advirtió que “la dirección y el liderazgo profesional (…) no puede cambiar con cada nuevo gobierno”, cuestionando que no se respete el espíritu de la ADP. En la misma línea, planteó que la desvinculación “es una muy mala señal” en medio de presiones presupuestarias en el sistema.
En contraste, el diputado Felipe Camaño optó por una mirada más cauta, asegurando que “no debería entorpecer de ninguna forma la instalación del nuevo hospital”, aunque enfatizó que las futuras autoridades deben cumplir con los requisitos técnicos.
Más allá de las posiciones, el episodio revive una tensión estructural: el equilibrio entre técnica y política en cargos diseñados, precisamente, para resguardar la continuidad del Estado. Mientras el Servicio de Salud ha sido históricamente más permeable a cambios de gobierno, la dirección del Hospital de Chillán mantenía un perfil más estable, incluso en contextos críticos, como el terremoto de 2010.
Hoy, ese precedente parece quedar atrás. En medio de una disputa soterrada entre fuerzas oficialistas por posicionar nombres en ambas reparticiones, la ADP vuelve a quedar bajo cuestionamiento. Y con ello, la capacidad del sistema para blindar procesos estratégicos de los ciclos políticos.




