Hace dos años, Carlos Fuentes se paró frente a las cámaras de un programa de imitaciones con una convicción clara: hacer lo que mejor sabe, cantar. Eligió interpretar a Kevin Martin, la voz de la banda estadounidense Candlebox, un referente musical que lo acompaña desde la adolescencia. No avanzó en la competencia, su paso fue breve, como ocurre con muchos. Pero lo que vino después no tenía nada de habitual.
Al día siguiente de la emisión, mientras la experiencia aún estaba fresca, su teléfono vibró con una notificación inesperada. No era un mensaje cualquiera: el propio Kevin Martin lo había comenzado a seguir en Instagram. No solo eso. Había visto su presentación y le había dejado un comentario. “Gracias por las palabras amables. La próxima vez que esté en Chile, tienes que cantarla conmigo”.
El 2026 trajo la oportunidad. Candlebox anunció su regreso a Chile con un concierto fijado para el 21 de abril en el Teatro Coliseo de Santiago. Semanas antes del show, la historia volvió a activarse. Esta vez no fue un comentario, sino un mensaje directo. “Hey Carlos, what song are you singing with me?”, escribió Kevin Martin. La incredulidad fue inmediata. “Yo no lo podía creer”, recuerda. La respuesta salió casi sin pensar: Blossom. “Sí, Blossom funciona para mí”, fue la confirmación.
Carlos viajó a Santiago un día antes del concierto. Sabía que debía presentarse en la prueba de sonido, pero aún así todo parecía irreal. “Le escribí para avisarle que ya estaba en Santiago y me dijo: mañana a las 4 en el Teatro Coliseo”.
La escena que siguió tiene algo de película. Un teatro vacío, la banda afinando detalles, y él entrando por primera vez no como espectador, sino como parte del equipo. Un miembro del staff lo fue a buscar. “Carlos, soy Chris, el tour manager”, le dijo. Lo hizo pasar al escenario mientras Candlebox ensayaba. Desde lejos, Kevin Martin lo reconoció y lo llamó por su nombre.
“¿Estás nervioso?”, le preguntó.
“No voy a mentir, sí”, respondió Carlos.
Ensayaron durante algunos minutos. Ajustaron la entrada, las partes, la energía. Pero más que un ensayo técnico, fue un momento de conexión. “Estás muy tranquilo, muy tímido”, le dijo Martin. Carlos fue honesto: “Tú eres mi ídolo, esto es muy surrealista”. Entonces vino una frase que terminó marcando la noche. “Esto no es un programa de televisión, esto es la vida real. Tienes que conectar con cada una de esas miles de personas. Yo voy a estar contigo, pero tú también tienes que hacer tu trabajo, porque cantas bien”.
La noche del concierto, el Teatro Coliseo estaba lleno. “Nunca había cantado frente a tanta gente”, dice. Y su momento llegó después de una canción. Kevin Martin lo presentó. La gente no lo conocía, al menos no del todo. Pero bastaron los primeros acordes de Blossom para que todo cambiara. “Tengo como un blackout de ese instante, pero después me afirmé”, recuerda. Cantó y la respuesta fue inmediata. Aplausos, ovación, una conexión real con el público. “Fue uno de los mejores momentos de mi vida”, resume.
De regreso en Chillán, la experiencia siguió creciendo en otra dimensión. Videos, fotos, publicaciones. El momento se viralizó. Medios especializados lo mencionaron. Incluso, cuenta, a los pocos minutos de bajar del escenario ya estaba etiquetado en redes. “No podía creer que fuera todo tan en vivo”.
Carlos tiene 35 años. Es padre y trabaja en marketing para una empresa de inteligencia artificial en Estados Unidos. La música, reconoce, había quedado en pausa tras el nacimiento de su hija en 2022. Durante años tocó con bandas y como solista, incluso lanzó un disco, pero el ritmo cambió.
Hasta ahora.
“Después del concierto, la gente me decía que no parara, que tenía que seguir. Que tenía una tremenda voz”, remata.



