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Cuidar el patrimonio; cuidar La Discusión

Hablar de patrimonio no es hablar solo del pasado. Es hablar del presente y, sobre todo, del futuro. En su aniversario número 156, La Discusión no solo celebra años de existencia, sino que reafirma una responsabilidad histórica: la de registrar y custodiar la memoria de Chillán, de Ñuble y del país. Porque este diario, el segundo más antiguo actualmente en circulación en Chile, es en sí mismo patrimonio vivo.

Desde 1870, las páginas impresas de La Discusión han acompañado guerras y reconstrucciones, terremotos y renacimientos, debates políticos, transformaciones sociales y la vida cotidiana de generaciones completas. Ese archivo, íntegro, continuo, persistente, no es un simple conjunto de papeles antiguos: es un testimonio irremplazable de cómo una comunidad se ha pensado, narrado y discutido a sí misma a lo largo de más de un siglo y medio.

Como sostienen los estudios contemporáneos sobre memoria, el patrimonio no existe por sí solo. No es inherente a los objetos, ni a los edificios, ni a los documentos. Es una construcción social, subjetiva y, muchas veces, conflictiva. Aquello que una generación decide conservar y transmitir, otra puede cuestionarlo. Sin embargo, hay un punto de encuentro esencial: cuidar los archivos es cuidar la posibilidad de recordar, de debatir, de comprender críticamente quiénes somos.

El archivo impreso y fotográfico de La Discusión cumple un rol que trasciende al propio medio. Resguarda no solo hechos “trascendentes”, sino también escenas cotidianas, silencios, dolores, celebraciones y contradicciones. Tal como advierten especialistas en archivística y patrimonio, proteger estos documentos es también garantizar el derecho de la ciudadanía a acceder a su historia, a sus identidades múltiples y a sus relatos diversos.

La circulación de una edición especial fotográfica, centrada en imágenes de los años ochenta y noventa, en el contexto del aniversario 156 de La Discusión, es un ejercicio concreto de puesta en valor patrimonial. Fotografías tomadas en cámaras análogas, la mayoría de ellas en blanco y negro, reveladas en cuartos oscuros, cuando la fotografía digital apenas asomaba, nos devuelven un Chillán y un Ñuble reconocibles y, al mismo tiempo, lejanos. No buscan idealizar el pasado, sino permitirnos mirarlo con la distancia crítica que exige el presente.

En tiempos en que parte del patrimonio material se deteriora, desaparece o se ve tensionado por disputas legítimas sobre su significado, los archivos se vuelven aún más relevantes. Son espacios donde la historia no se congela, sino que se reinterpreta. Donde conviven múltiples miradas y donde el pasado dialoga con las preguntas del hoy.

Cuidar el patrimonio no es un acto nostálgico ni conservador. Es un compromiso democrático. A 156 años de su fundación, La Discusión renueva ese compromiso: seguir informando, registrando y preservando, con la convicción de que sin memoria no hay identidad, y sin archivos no hay futuro posible.

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