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24 de enero de 1939. Hora de reflexionar

A las 23.32 de la noche del 24 enero de 1939, un terremoto en pocos minutos destruyó casi por completo la ciudad, dejando una secuela de miles de muertos. La reconstrucción de Chillán fue una gesta virtuosa, en la cual el estado conducido por el presidente Pedro Aguirre Cerda, abordó y concretó una reconstrucción en serio. Para ello creó la Corporación de Fomento y Reconstrucción, hoy Corfo, pieza clave la industrialización de Chile. El terremoto de 1939 marcó un antes y un después en el desarrollo del país, y dio paso a la creación de una ciudad notable en su arquitectura y también en la conservación de su estructura urbana moderna.

Pocas ciudades de Chile poseen de manera tan notable como evidente la condición de ciudad amable, y junto a ello dotada de un patrimonio relevante. Lamentablemente creció más allá de las cuatro avenidas de manera desordenada, conservando las viejas rutas de las carretas. Pero no solo eso, tampoco conservó la amplitud de las calles y veredas de las cuatro avenidas. Como diría el célebre arquitecto francés Le Corbusier, Chillán creció por el camino de “los asnos”, y no por el “recto camino” de los hombres. Como consecuencia de ello, si se observa un plano de Chillán, se distingue claramente la ciudad original de las cuatro avenidas y las cinco plazas, rodeada de una mancha desordenada que sigue creciendo hacia los extremos. No se necesita ser un experto para apreciar la falta de planificación de la ciudad, que pasó en 87 años de una población cercana a los 50.000 habitantes a una que se aproxima a los 200.000, y con un parque automotriz que bordea los 65.000 vehículos.

Resulta de toda evidencia que la ciudad se encuentra en un punto de inflexión, por tanto, se hace necesario iniciar una reflexión sobre su presente y futuro, que nos conduzca a conclusiones válidas y concretas. De otra manera estaremos transitando hacia una decadencia de insospechadas consecuencias. Una nueva conmemoración del terremoto de 1939, parece ser una buena oportunidad para ello. Chillán hoy no solo luce una periferia desordenada, sino que además un casco histórico cada vez más abandonado y en franco deterioro. La pregunta de siempre es que hacer, como lograr que este vuelva ser un espacio atractivo para trabajar, vivir y recrearse, en el cual no solo se preserve su rico patrimonio, sino que además sea un espacio de encuentro ciudadano. Las numerosas casas abandonadas, en ruina o en venta, dan cuenta de un plan regulador obsoleto, que no incentiva una densificación media, por el contrario, deja abierto un incentivo perverso, como lo es la edificación en altura sin límites. Esto ha provocado que muchos vecinos tengan sus casas en ruina y en venta, esperando que llegue una inmobiliaria a comprar su propiedad.

Por ello la especulación está arruinando el casco histórico de la ciudad, parece urgente convocar a un foro que reúna al mundo público y privado, para llegar a conclusiones sobre las cuales el mercado y los técnicos podrán hacer la bajada. No se trata de un listado de supermercado, sino que de reflexionar acerca de que ciudad queremos, luego como lo haremos y finalmente en que plazo. De este modo se podrá alienar al mundo público con el privado y con la ciudadanía, para recuperar este Chillán que se negó a morir un 24 de enero de 1939, y que ahora en pleno siglo XXI, lo podemos sepultar por inacción de nosotros los humanos.

Claudio Martínez Cerda
Arquitecto

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