173 iniciativas. 173 promesas de cara a la conmemoración de los 10 años de la Región de Ñuble el año 2028. Ñuble 250 es el proyecto que busca materializar el Gobierno Regional de cara a otro hito añadido: los 250 años del natalicio de Bernardo O’Higgins. Así lo anunció el gobernador regional, Óscar Crisóstomo, durante el Segundo Cabildo Regional realizado el pasado viernes, instancia que a la usanza de la Colonia, convocó a autoridades, academia, gremios, medios de comunicación y sociedad civil, para conocer y opinar de los avances de la primera etapa desde septiembre de 2025 a la fecha y los desafíos que se proyectan para los próximos meses.
-¿Cuáles son los criterios para decidir qué iniciativas pasarán a ejecución o financiamiento en el contexto de Ñuble 250?
-Ñuble 250 es una decisión estratégica sobre la región que queremos construir en los próximos años y cómo la convertimos en una de las mejores regiones para vivir en Chile y Latinoamérica. Esta definición se basa en ordenar los desafíos estructurales con una mirada territorial, de cohesión y calidad de vida. Con esa claridad, la priorización se hace en base a tres criterios muy claros: primero, el impacto estructural en el desarrollo regional; segundo, la capacidad real de ejecución, considerando madurez técnica y articulación institucional; y tercero, coherencia con la Estrategia Regional de Desarrollo que es la visión de largo plazo, más allá de un período de gobierno determinado. Lo que pase a ejecución en el corto plazo no será lo más vistoso, sino lo que destrabe brechas históricas y deje capacidades instaladas para lo que viene después. En especifico los tres trazos, pertenecen a una de las tres dimensiones de Ñuble 250 que es denominamos Territorio Vivo. El Trazo Azul se compone de iniciativas que afianzan la soberanía marítima, proyectos que comienzan a equipar la institucionalidad de la costa y materializan nuevas caletas y mejoras del borde costero de la región. El Trazo Celeste o Libertador, busca convertir a la intercomuna en una Ecometrópolis, con nuevas y mejores áreas verdes y vialidades, reconociendo los valores ambientales presentes en la ciudad, equipamiento público de alto nivel y recuperación de elementos patrimoniales. Finalmente, el Trazo Blanco, habla de un nuevo trato con la montaña, con proyectos que permitirán dotar a este territorio de servicios básicos para que el turismo tenga el soporte que requiere, siempre poniendo el foco en la conservación y puesta en valor de la reserva de la Biósfera
– Desde la perspectiva del Gobierno Regional, ¿cuáles son los desafíos más complejos para lograr que estos proyectos se ejecuten efectivamente antes de 2028 y cómo se está trabajando con los servicios públicos y municipios para superarlos?
-El hecho concreto que nos motivó a impulsar esta estrategia es que Ñuble es una de las regiones con bajo porcentaje de concreción de iniciativas, solo el 38% se ha construido, por lo anterior el principal desafío no es la falta de ideas ni de proyectos, sino la fragmentación del Estado que impacta directamente en el desarrollo del territorio. Por eso Ñuble 250 pone el acento en la gobernanza, en la coordinación temprana con ministerios, servicios públicos, municipios, universidades y el mundo productivo. En esta lógica de trabajo compartido, existe un mecanismo interno llamado cabildos técnicos que permiten pasar de la competencia por recursos a la corresponsabilidad por resultados. Eso implica planificación conjunta, calendarios realistas y decisiones políticas oportunas. La meta no es ejecutar todo antes de 2028, sino dejar un rumbo irreversible.
– El trazo Libertador incluye intervenciones urbanas en Chillán y la intercomuna. ¿Puede precisar qué obras específicas considera este trazo y cómo cambiarán la experiencia de vida de los ciudadanos.
-El Trazo Libertador es una nueva manera de pensar la ciudad y la intercomuna. Es probablemente el mayor desafío y oportunidad para ambas ciudades, donde se consideran 43 iniciativas, algunas de ellas para avanzar en el diseño y otras derechamente en su ejecución. Las más icónicas se emplazan en la proximidad del eje O´Higgins y Libertad con acciones para mejorar el conjunto de la Plaza Mayor de Chillán Viejo, el Mural de María Martner y el Parque Monumental; también considera mejoras de espacio público como Av. Rosauro Acuña y La Castilla; importantes equipamientos como el Edificio PDI, la Construcción del Campus de la UCSC, el Cine O’Higgins (que ya cuenta con financiamiento aprobado), las obras del sector Brasil – Ultraestación como la estación de trenes, el Museo Regional, el Parque Ultraestación, algunas obras de mantención en La Catedral. Y continúan con proyecto en la Avenida Argentina hasta llegar al Parque La Rufina a través de la extensión de la Avenida Libertad, considerando también la apertura de la vialidad al oriente. Hablamos de movilidad integrada, áreas para la innovación, ciencia y cultura, espacios públicos de calidad, regeneración urbana y acceso equitativo a servicios. Las intervenciones apuntan a que Chillán y su entorno dejen de crecer por inercia y empiecen a crecer con sentido. Eso cambia la experiencia cotidiana: menos tiempo perdido, más espacio compartido, mejor convivencia urbana. No es cemento, sino calidad de vida.
-La Agenda Ñuble 250 se inspira en hitos como los 250 años del natalicio de Bernardo O’Higgins y los 10 años de la región. ¿Cómo se articula esta agenda con una visión de largo plazo más allá de esos hitos simbólicos?
-Los 250 años de O’Higgins y los 10 años de la región son puntos de partida, no de llegada; y nos sirven para preguntarnos qué tipo de región honra ese legado. Aunque el 2028 es nuestro motor, Ñuble 250 es un plan de desarrollo a largo plazo. Se articula como una política pública regional que trasciende gobiernos y que se proyecta hacia el futuro con obras que tendrán distintas fases y avances, pero que nos llevarán a consolidarnos como una mejor región para vivir.
-En términos de participación ciudadana y transparencia, ¿cómo se está integrando a la comunidad en el diseño, revisión y seguimiento de estos proyectos? ¿Habrá espacios para que las personas aporten y evalúen avances?
-La mayor parte de iniciativas de la cartera de proyectos deben, por bases que nosotros mismos establecimos, cumplir con sus procesos de participación ciudadana y en aquellas que el Gobierno Regional tiene incidencia directa. Queremos tener presencia y seguimiento más activo. Nuestro compromiso es apoyar en hacerlas más visibles y poder canalizar las inquietudes mayores cuando sea atingente. Por otra parte, con la realización del Cabildo Regional, damos inicio a la segunda etapa de donde vamos a realizar consultas públicas, trabajar en el levantamiento del Observatorio Ñuble 250 que está enfocado en el reporte a la comunidad e implementar mecanismos directos de consulta digital. Y sin lugar a dudas que la Agenda Cultural, que vamos a diseñar en esta nueva etapa, movilizará espacios para la participación y generación de comunidad en torno a los valores de Ñuble.
-Mirando al financiamiento, ¿qué mecanismos o alianzas se están considerando para asegurar los recursos que permitan ejecutar esta cartera de proyectos, especialmente en un contexto de restricciones presupuestarias nacionales?
-En tiempos de estrechez fiscal, la clave no es gastar más, sino gastar mejor y juntos, para ello estamos trabajando con esquemas mixtos: inversión sectorial alineada, convenios de programación, articulación público-privada, priorización inteligente del FNDR y también apoyo de organismos internacionales. Ñuble 250 no compite por recursos, sino que ordena el uso de los recursos disponibles en función de una estrategia compartida.
– En marzo hay cambio de Gobierno, y probablemente modificaciones a los énfasis presupuestarios de los distintos ministerios. ¿Cómo esto puede afectar la estrategia del GORE de cara a cumplir con los objetivos de Ñuble 250?
-Pensar Ñuble 250 como dependiente de un Gobierno en particular sería un error conceptual y por eso esta agenda no se diseñó con un color político, sino para ser una mejor región. Además, la concreción de este acuerdo entre diversos actores debe darle firmeza y continuidad, por ende, yo lo vería en otro sentido: el gobierno central entrante tiene una tremenda oportunidad de contribuir para que la región siga avanzando, porque además muchas de estas iniciativas vienen de gobiernos anteriores que ellos también representaron. Nuestro rol es dialogar, convencer y alinear, en ningún caso atrincherarnos.
– Hasta ahora, usted como gobernador ha liderado el GORE bajo una administración afín políticamente, lo que va a cambiar desde marzo. ¿Cree que eso pueda cambiar los énfasis presupuestarios sobre Ñuble y las metas del propio Gobierno Regional?
-El Gobierno Regional no está para administrar afinidades, está para defender los intereses de Ñuble, eso no cambia en marzo ni en ningún otro mes. La descentralización y la elección de gobernadores permite a las regiones defenderse de los cambios de ciclo electoral, precisamente transformándose en un factor de estabilidad muy necesaria para el desarrollo. Si la agenda está bien fundamentada, tiene respaldo ciudadano y responde a brechas reales, trasciende cualquier ciclo político. Esto no cierra la posibilidad que existiendo nuevas visiones que vengan a potenciar el desarrollo de Ñuble 250 no puedan ser incorporadas. Ñuble 250 está pensada justamente para eso: trascender a los cambios de administración.
– Ha sido por todos conocida la pugna por protagonismos entre su figura y la del alcalde de Chillán, sobre todo en temas urbanos claves para la capital regional. ¿Cómo esa pugna comunicacional interferirá o no en los proyectos que se elijan para el Trazo Libertador?
– Las ciudades no se desarrollan desde las pugnas personales, por ende, esto no se trata de protagonismos, sino de responsabilidades institucionales. El Trazo Libertador se definirá por criterios técnicos, urbanos y sociales, no por disputas comunicacionales: si así lo fuera, sería un gran error. Cuando hay visión compartida, aún existiendo diferencias, estas pasan a segundo plano y cuando las hay, es la ciudadanía quien lo evalúa. El éxito de la capital regional también es el éxito de Ñuble, y en eso no hay espacio para pugnas que frenen el progreso. Y lo hemos demostrado con hechos concretos como la remodelación del Patio Isabel Riquelme, la construcción de la sede de Parkinson, la nueva pista BMX de Quilamapu y muchas otras iniciativas. Por otra parte, los procesos ciudadanos están comenzando a ser potentes dentro de la intercomuna, siendo referentes para la toma de decisiones, más allá de los protagonismos de las figuras políticas.
– ¿De qué manera se pensarán ambientalmente los proyectos del trazo Azul y Blanco, considerando las sensibilidades en torno al tema existentes tanto en la costa de Ñuble como en su cordillera?
-En la costa y la cordillera no estamos pensando en intervenir el territorio, sino en convivir con él. Los proyectos incorporan criterios de sostenibilidad, resiliencia climática y protección de ecosistemas desde el diseño, no al final. Ñuble 250 entiende que no hay desarrollo posible si se pierde el patrimonio natural.




