Un total de 73 personas en Ñuble permanecen hospitalizadas pese a contar con alta médica. No requieren tratamiento clínico, pero no pueden volver a sus hogares, debido a la ausencia de redes de apoyo, condiciones de vulnerabilidad o derechamente abandono.
La cifra se volvió parte de la contingencia nacional, luego que la ministra de Salud, May Chomalí, declarara que hay cerca de mil personas en esta condición en todos los hospitales del país.
Según explicó la directora del Servicio de Salud Ñuble, Elizabeth Abarca Triviño, estos casos corresponden a pacientes sociosanitarios, y “actualmente, en la Red Asistencial de Ñuble existen 73 pacientes sociosanitarios, es decir, personas que, pese a contar con alta médica, no disponen de un hogar o de una red de apoyo que permita concretar su egreso”, detalló.
La autoridad precisó que el 97% de estos pacientes se encuentra en hospitales comunitarios de la región, mientras que el 68% corresponde a personas de 61 años y más. “Este escenario no solo genera una ocupación prolongada de camas hospitalarias, sino que también limita la disponibilidad de este recurso para otros pacientes que requieren hospitalización”, advirtió.
El impacto no es solo operativo. Permanecer hospitalizado sin necesidad clínica implica un deterioro progresivo en la calidad de vida de las personas. “Afecta la calidad de vida de quienes permanecen institucionalizados por largos periodos, aumentando el riesgo de deterioro funcional y emocional”, agregó.
Desde el Hospital Clínico Herminda Martín, la jefa del Departamento de Gestión Usuaria y Participación Social, Solange Jélvez Campos, explicó que el proceso para abordar estos casos comienza apenas el paciente ingresa al sistema.
Sin embargo, añade, no siempre hay una red a la cual recurrir. “En aquellos casos en que no se logra contactar una red familiar o social, se categoriza al paciente como usuario sociosanitario”, explicó.
Aclara que a partir de ahí, se inicia un proceso de traslado a centros de menor complejidad, donde el foco ya no es clínico, sino social, entonces, “se coordina el traslado a recintos donde el paciente, que está estabilizado, requiere cuidados básicos, mientras se continúa el trabajo para restablecer redes familiares o evaluar derivaciones a establecimientos de larga estadía”.
El rol del equipo social, recalca, es clave en todo este proceso. “Se trata de asegurar la continuidad de cuidados y un egreso digno, evitando ocupaciones prolongadas por causas no clínicas”, puntualizó.
Un trabajo intersectorial
Para la diputada por Ñuble, Sara Concha, el problema no puede abordarse únicamente desde la salud pública.
La parlamentaria planteó que existe una responsabilidad compartida. “Por una parte, el Estado debe fortalecer las redes de apoyo, la atención domiciliaria y los sistemas de cuidado. Pero también es necesario decirlo con claridad: no podemos normalizar el abandono de personas por parte de sus propias familias”, afirmó.
Advirtió que el fenómeno refleja un problema más profundo. “Esto habla de una crisis donde debemos recuperar el valor del cuidado, de la responsabilidad familiar y del acompañamiento, especialmente hacia los adultos mayores y personas en situación de dependencia”, agregó.
El contexto regional refuerza esa preocupación. Ñuble presenta uno de los índices de envejecimiento más altos del país, con una proporción creciente de adultos mayores, muchos de ellos en sectores rurales donde las redes de apoyo son más débiles.
Esa combinación —envejecimiento, ruralidad y vulnerabilidad— configura un escenario donde los pacientes sociosanitarios no son una anomalía, sino una consecuencia previsible.
Desde el Servicio de Salud Ñuble reconocen que la solución no es simple ni inmediata. “Se trata de una problemática compleja que requiere una solución estructural”, apuntando al trabajo intersectorial con los ministerios de Desarrollo Social y Justicia.




