Pocas investigaciones reflejan con tanta claridad la transformación del delito en Ñuble como la registrada la semana pasada en Coihueco.
Lo anterior, pese a que no terminó con víctimas lesionadas, debido al contexto y al perfil de los captores. Un grupo de traficantes de drogas obligó a una persona que les adeudaba dinero a permanecer durante 18 días en un inmueble, donde fue forzada a dosificar, empaquetar y vender estupefacientes.
Hubo amenazas de por medio. La primera, “si escapaba, lo perseguirían hasta su domicilio en la Región Metropolitana y le causarían lesiones”, explicó la fiscal (s) de la causa, Valentina Hermosilla.
Las extorsiones también alcanzaron a la expareja de la víctima. “Le enviaron mensajes de texto y audios solicitando dinero a cambio de su liberación, otorgándole un plazo para efectuar los depósitos o, de lo contrario, atentarían contra su integridad”, precisó la persecutora.
En total, la familia depositó $1.333.000.
El caso fue resuelto por la Brigada Antinarcóticos y Contra el Crimen Organizado (Brianco) de la PDI de Chillán, cuyos detectives lograron ubicar el inmueble y detener a los cuatro imputados pocas horas después de recibir la orden de investigar. Todos quedaron en prisión preventiva.
“Este es el primer caso en la región que reviste estas características”, asegura el subprefecto Jonathan Silva, jefe de la Brianco.
Es en esa diferencia donde el caso exige una revisión, fuera de los márgenes del lenguaje judicial
En marzo de este mismo año, un conocido empresario gastronómico de la región denunció haber sido retenido contra su voluntad por desconocidos que también exigieron dinero para liberarlo.
Sin embargo, “ese episodio no figura dentro de las estadísticas oficiales porque la investigación aún permanece en desarrollo”, explican en la PDI.
En la Fiscalía agregan otro elemento. Para que un hecho sea calificado como secuestro extorsivo, la legislación exige una serie de requisitos jurídicos específicos.
La duración de la privación de libertad, el objetivo perseguido y otras circunstancias determinan la figura penal aplicable.
En contraste, el empresario afectado en marzo pasado—quien aceptó conversar con La Discusión bajo reserva de identidad— sostiene una opinión completamente distinta.
“En primer lugar, yo sí fui secuestrado”, sentencia en seco.
Para despejar otros requisitos técnicos, añade que “nunca había visto en mi vida a los tipos que me tenían y ellos sí exigieron dinero por mi liberación”.
A su juicio, exigir requisitos técnico-jurídicos para concluir que un hecho constituye un secuestro “es buscar aminorar la gravedad de lo que pasa”.
Aunque permaneció retenido menos de 24 horas, insiste en que “quedarse en esos detalles para decir que en Ñuble no hay secuestros es no reconocer que esos delitos ya están sucediendo acá”.
13 denuncias por secuestro al año
De acuerdo con un estudio de la Fiscalía Nacional, entre 2014 y 2024 se registraron 130 denuncias por secuestro en Ñuble. Esto da una cifra promedio de 13 casos al año. Por lo tanto, los 13 casos contabilizados durante 2025 mantienen el promedio histórico de 13 denuncias anuales.
“Nosotros hemos investigado los casos desde 2022 en adelante y la mayoría corresponde a personas que fingieron un secuestro por problemas personales o a situaciones que no están asociadas a extorsiones ni a bandas criminales. Salvo el caso de Coihueco, no hay otros hechos con personas retenidas por más de un par de horas”, comentó el subprefecto Silva.
No obstante, el mismo estudio de la Fiscalía vinculó en Ñuble un 43% de los casos de secuestro al crimen organizado.
Para el coronel (r) Jorge Aguirre Hrepic, especialista en Seguridad Nacional y criminología, la discusión respecto del crimen organizado suele distraer del fenómeno de fondo.
“En todas las regiones fuera de Santiago las autoridades niegan que exista crimen organizado, porque sus cabecillas no residen allí. Pero eso es un error. Cuando las bandas locales imitan patrones delictivos como el sicariato, el secuestro, la extorsión, la corrupción o el lavado de activos —y de todo eso ha habido en Ñuble— da lo mismo si existe o no crimen organizado. El delito es el mismo y eso es lo que importa”, comentó.
Mientras especialistas advierten que las bandas locales ya reproducen las prácticas del crimen organizado, tanto la Fiscalía Regional como la Delegación Presidencial sostienen que ese fenómeno aún no se ha asentado en Ñuble.




