El avance de las obras del nuevo Instituto Teletón de Chillán no es solo una buena noticia en términos de infraestructura o inversión pública. Es, sobre todo, una señal potente de descentralización efectiva, de aquellas que no se declaman en discursos, sino que se materializan en obras concretas que cambian la vida de las personas. Que Ñuble esté en la recta final para contar con su propio centro Teletón —el último necesario para que todas las regiones de Chile tengan uno— marca un hito histórico que trasciende largamente lo local.
La reciente inauguración del Instituto Teletón de la Región de O’Higgins, encabezada por autoridades regionales y nacionales, sirvió también para reafirmar el compromiso con el proyecto que se levanta en Chillán. No es casualidad: el modelo de O’Higgins, financiado por su Gobierno Regional, es el espejo en el que Ñuble ha mirado su propio proceso. Ambos casos demuestran que la autonomía regional, cuando se ejerce con responsabilidad y visión social, es capaz de empujar transformaciones profundas.
Con una inversión superior a los $12.000 millones, aportados por el Gobierno Regional de Ñuble, el futuro instituto contempla más de 4.000 metros cuadrados de infraestructura y ya alcanza un 80% de avance físico. De mantenerse los plazos proyectados, durante marzo y abril comenzarán las recepciones técnicas y municipales, para luego iniciar la etapa de equipamiento. No se trata de un centro cualquiera: contará con tecnología de última generación, desde salas sensoriales y ecosistemas de rehabilitación virtual semi inmersiva en 3D, hasta piscina terapéutica, sistemas de evaluación biomecánica y robots de rehabilitación como Tyromotion.
Más allá de cifras y equipamiento, el verdadero impacto es humano. Cerca de mil familias de Ñuble se verán directamente beneficiadas cuando el instituto entre en funcionamiento en 2026. Familias que hoy deben viajar a Talca o Concepción —incluso más lejos— para acceder a tratamientos especializados, con el consiguiente desgaste económico, físico y emocional. La llegada de Teletón a Chillán pondrá fin a esos desplazamientos forzados y devolverá tiempo, energía y dignidad a cuidadores y pacientes.
Con Ñuble se cierra un capítulo a nivel país: todas las regiones de Chile contarán con un centro Teletón. No es un dato menor. Es la expresión más clara de una política pública que entiende la inclusión y la rehabilitación como derechos que no pueden depender del lugar de nacimiento o residencia. También es una muestra de que las regiones pueden —y deben— decidir sobre inversiones estratégicas que respondan a sus propias necesidades.
En tiempos donde la descentralización suele quedarse en promesas, el Instituto Teletón de Chillán avanza como un recordatorio concreto de lo que se puede lograr cuando hay voluntad política, consenso social y foco en las personas. Ñuble no solo suma infraestructura: suma equidad territorial, justicia social y una señal clara de que el desarrollo también se construye desde las regiones.




