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Rompiendo el paradigma del modelo de reparto

Poco tiempo falta para que Ñuble cumpla una década como región. Disponer de un Gobierno Regional GORE y administrar recursos para inversión, han permitido atender las necesidades en sectores estratégicos para sustentar su estrategia de desarrollo. Sin embargo, en el ámbito rural, los resultados no han estado a la altura de las expectativas del 62% de la población regional.

En este contexto, al igual como ocurre con una esponja, el modelo de reparto no es suficiente para superar la infinita capacidad de absorción que presenta el atomizado sistema económico del territorio rural. En efecto, el ecosistema económico rural se caracteriza por un enjambre de pequeñas unidades productivas, la mayoría de las cuales son informales. La informalidad, no les permite acoplarse a la cadena de valor de las empresas de mayor tamaño. Sin poder acceder a la cadena de valor, se subutiliza el potencial de generación de riqueza de la tierra agrícola, contribuyendo al éxodo de las nuevas generaciones.

La política regional no repara en dicha realidad. Decenas de miles de millones de pesos se transforman en moneda de reparto, pero no de generación de riqueza, un ejemplo. Con el código BIP 40009459 el año 2023 ingresó una transferencia a Indap por $704 millones para el “apoyo al desarrollo hortícola de la Región de Ñuble”. La inversión pretendía desarrollar las capacidades para instalar circuitos cortos que permitieran mejorar la seguridad alimentaria y nutricional en los territorios de Ñuble.

Para quienes participamos de la concepción de dicho proyecto, la estrategia consistía en cofinanciar tecnología para la producción de hortalizas bajo techo. Se había desarrollado de manera previa un piloto con pequeños agricultores de Prodesal a quienes se les cofinanció la adquisición de cuatro invernaderos con tecnología israelita de 196 metros cuadrados. Bastaron dos meses para comprobar el potencial de contar con dicha tecnología. No solo adelantaron los tiempos de cosecha, también pudieron realizar un mejor control de plagas y obtener mayores rendimientos en sus cultivos (principalmente tomates, lechugas y acelgas). De manera simultánea, se realizaron ruedas de negocios con sectores de la gastronomía de Chillán, quienes valoraron la calidad de los productos, pero condicionaron la relación comercial con los agricultores a su formalización y a la obtención de la resolución sanitaria en el procesamiento de las hortalizas, requisitos que no cumplían. En julio de 2023, mediante Resolución Exenta Nº1600-021419/2023, Indap hizo el llamado al Concurso Especial PDI-FNDR. Las Bases Técnicas consideraban tres líneas de apoyo: equipamiento, material genético e infraestructura. Es decir, se utilizaba un modelo de reparto e inconexo con el espíritu que dio origen a la asignación de los recursos. Los $700 millones se repartieron entre muchos beneficiarios y se cofinanció la adquisición de una gama variopinta de bienes. El GORE financió, Indap repartió y los recursos llegaron a un número importante de pequeños agricultores. Todos felices, menos la Región de Ñuble, quien fue un testigo pasivo de como la lógica del reparto licuaba los recursos del Fondo Nacional para el Desarrollo Regional FNDR, con efectos marginales en el desarrollo social, económico y cultural del territorio.

Quebrar el paradigma de reparto e instaurar un modelo de gestión, permitirá eliminar el efecto esponja. La región se transformaría en un actor relevante para la cadena de valor alimentaria.

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