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Riesgo de desorden

Señor Director:

Cuando parecía que avanzábamos hacia una cultura empresarial más sólida, el panorama comenzó a cambiar. Lo que antes parecía un consenso en torno a la transparencia y la gestión responsable ahora está amenazado por decisiones que, aunque aisladas, podrían marcar un precedente preocupante.

Mientras algunos fortalecen el marco regulatorio, otros parecen dispuestos a desmantelar pilares fundamentales, bajo el argumento de la competitividad o la eficiencia. Sin embargo, la integridad y las buenas prácticas no deben ser temas de conveniencia ni ajustarse a ciclos económicos. Son esenciales para que las empresas, mercados e instituciones funcionen de manera estable y predecible.

Las decisiones que se toman hoy no solo afectarán el corto plazo, sino que definirán el mercado y la confianza a largo plazo. Relajar los estándares o redefinir la ética empresarial nos acerca a un futuro incierto, donde la discrecionalidad reemplaza a las reglas claras. Sin estructuras sólidas y límites definidos, podríamos estar construyendo un sistema sin reglas, donde la improvisación y los intereses cruzados se convierten en la norma. Al final, podríamos terminar en una mala réplica de Mad Max.

José Ignacio Camus

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