Como cada año, el fin de las vacaciones y el regreso a clases en marzo es un factor que estresa a las familias, pero también las calles, particularmente en una ciudad como Chillán, cuya infraestructura vial aún no está al nivel de una capital regional.
El “Súper miércoles”, en alusión al explosivo aumento del flujo vehicular que se prevé para el 4 de marzo con motivo del inicio del año escolar en la mayoría de los establecimientos, ha sido abordado por la autoridad a través de un plan de coordinación entre distintas instituciones, entre ellas, el municipio, Carabineros, Seguridad y Transporte, con medidas que han sido relativamente efectivas en años anteriores, pero que siguen siendo insuficientes.
En el caso de Carabineros, el despliegue contempla presencia reforzada en los establecimientos con mayor afluencia de estudiantes y en aquellos puntos críticos de la capital regional donde se producen atochamientos reiterados.
Precisamente, el crecimiento de la urbe en los últimos años, sumado al rápido incremento del parque vehicular y a la distribución geográfica de los colegios, son los factores principales del colapso vial que se registra en algunas arterias de Chillán en las horas punta, las que están relacionadas con el horario escolar.
Lamentablemente, las calles y avenidas de la ciudad no dan abasto para la demanda actual, lo que es consecuencia, en buena medida, de la escasa inversión en infraestructura vial durante las últimas décadas. Se trata de una red que no ha sufrido grandes cambios o modernizaciones en los últimos veinte años, donde además de las avenidas O’Higgins y Ruiz de Gamboa, no se han desarrollado grandes obras de vialidad urbana.
Si bien se valoran iniciativas como el mejoramiento de Huambalí y de Diagonal Las Termas, que ya concluyeron, o el paso desnivelado de Camino Parque Lantaño, cuya licitación debiera concretarse este año; hay una deuda de larga data con la ciudad que queda de manifiesto en proyectos que siguen a la espera de su priorización, como el ensanche de las avenidas Alonso de Ercilla y Vicente Méndez o la construcción de la Circunvalación Oriente.
Es innegable que el parque automotor de la ciudad sigue creciendo y que la red vial urbana fue superada hace varios años, pero tampoco se puede pretender que se ensanchen las avenidas infinitamente. Debe existir un adecuado equilibrio entre los distintos sistemas de transporte, así como también una planificación horaria por parte de los conductores, de manera de evitar, en la medida de lo posible, transitar en horas punta. En ese sentido, el horario diferido de ingreso a los colegios ha sido una herramienta que ha tenido buenos resultados en años anteriores.
Ciertamente, el mejoramiento del transporte no consiste solo en ampliar las avenidas y construir pasos desnivelados, también se requiere potenciar el uso de la locomoción colectiva y de la bicicleta, así como desconcentrar la distribución de servicios en la urbe, materias en las que ya se comienzan a ver algunos avances; pero, en la medida que no exista fuerza ni voluntad política para empujar estos proyectos viales que son clave para Chillán, el regreso a clases siempre será sinónimo de “tacos”.




