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“No podemos quedarnos solo en la respuesta asistencial”

“Desde mi experiencia en Indap, diría que el principal desafío sigue siendo avanzar desde una lógica de subsistencia hacia una lógica de desarrollo productivo sostenible”, aseveró el recién asumido seremi de Agricultura de Ñuble, Juan Luis Enríquez, recogiendo un debate pendiente en torno al rol del estado en la agricultura, particularmente respecto a los productores de menor tamaño.

Ingeniero agrónomo de la Pontificia Universidad Católica, mención en zootecnia, con diplomados en riego tecnificado (UdeC) y agronegocios (U. de Chile), Enríquez cuenta con 14 años de experiencia en Indap, donde fue jefe de área en El Carmen (2012-2014) y jefe de fomento regional en Ñuble (2019-2022). Además, es productor agrícola.

En entrevista con LA DISCUSIÓN, planteó que, “en Ñuble tenemos una pequeña agricultura con enorme potencial, pero que aún enfrenta brechas importantes en riego, acceso a tecnología, asociatividad, comercialización y recambio generacional. A eso se suma una realidad climática cada vez más exigente, que obliga a producir mejor, con menos agua y con más herramientas de gestión”.

Y siguiendo en esa línea, sostuvo que “también veo como desafío pendiente fortalecer la capacidad de la agricultura familiar campesina para capturar más valor. No basta con producir; hoy necesitamos que nuestros agricultores puedan integrarse mejor a los mercados, diferenciar sus productos, agregar valor y vincularse con circuitos comerciales más estables. Ahí el Estado tiene que seguir cumpliendo un rol de apoyo, pero con foco en resultados concretos, en autonomía y en mejores ingresos para las familias rurales”.

¿Cuáles serán los ejes de su gestión? ¿En qué áreas debiéramos notar los énfasis de la actual administración?

En coherencia con los lineamientos del Gobierno y el mandato del presidente José Antonio Kast, nuestra gestión va a tener varios ejes. El primero es la seguridad hídrica y el fortalecimiento del riego, porque sin agua no hay agricultura posible. En una región como Ñuble, ese tema no puede seguir viéndose solo como una urgencia estacional, sino como una prioridad estructural.

El segundo eje será el fortalecimiento de la pequeña y mediana agricultura, con especial preocupación por mejorar productividad, competitividad y acceso a instrumentos públicos. Ahí la tarea es ordenar, coordinar y hacer más eficiente la acción del ministerio y de sus servicios, para que las ayudas y programas lleguen con sentido productivo y territorial.

Un tercer énfasis será la modernización del agro regional, impulsando innovación, gestión, mecanización, uso eficiente de recursos y articulación con mercados. Ñuble tiene una base agrícola muy importante: sigue siendo una región fuerte en cultivos anuales como trigo y avena, y al mismo tiempo presenta oportunidades para diversificar su matriz productiva.

Y un cuarto eje será el trabajo territorial. Yo creo profundamente en una gestión en terreno.

¿Coincide con aquellas críticas que apuntan a que el Estado ha tenido un rol excesivamente asistencialista con la pequeña agricultura, pero escasas políticas de fomento con resultados positivos?

Creo que esa crítica recoge una tensión real, pero me parece que hay que abordarla con matices. En muchas ocasiones, sobre todo frente a emergencias climáticas, incendios, sequía o crisis de precios, el Estado ha tenido que cumplir un rol de contención. Y eso no es un error: cuando una familia campesina está en riesgo de perder su sustento, la respuesta pública no puede ser indiferente.

Dicho eso, también es cierto que no podemos quedarnos solo en la respuesta asistencial. La tarea de esta administración debe ser fortalecer una política de fomento que permita a la pequeña agricultura crecer, invertir, asociarse, tecnificarse y sostenerse en el tiempo con mayor autonomía. Más que oponer asistencia y fomento, yo hablaría de una transición que debemos hacer bien: responder cuando hay urgencia, pero al mismo tiempo construir capacidades permanentes.

En ese sentido, mi convicción es que el desarrollo rural no se logra solo transfiriendo recursos, sino creando condiciones para que los productores tengan herramientas, competitividad y proyección. Ahí está el verdadero desafío.

¿Qué impacto tendrá el recorte fiscal en los planes y programas del Ministerio en la región?

El ajuste fiscal anunciado por el Ministerio de Hacienda contempla una reducción del gasto del orden del 3% para los ministerios, y naturalmente eso obliga a todas las carteras a revisar con mucha responsabilidad sus prioridades.

En coordinación con el delegado presidencial Diego Sepúlveda, vamos a resguardar al máximo la ejecución útil en terreno. Eso significa priorizar programas e iniciativas que tengan impacto directo en productores, especialmente en materias sensibles como riego, sanidad, apoyo productivo y fortalecimiento de la Agricultura Familiar Campesina.

Reconversión y diversificación

¿Qué oportunidades y amenazas identifica para el agro de Ñuble en un contexto de reducción sostenida de rubros tradicionales?

Ñuble está en un momento de definición. Por un lado, hay una amenaza evidente: varios rubros tradicionales han enfrentado por años problemas de rentabilidad, competencia externa, alza de costos, déficit hídrico y cambios estructurales en los mercados. Eso genera incertidumbre y, en algunos casos, abandono o reducción de superficies.

Pero también veo una gran oportunidad, porque Ñuble tiene condiciones para reconvertirse y diversificarse con inteligencia. Tiene suelo, tradición agrícola, capital humano, una ubicación logística relevante y una vocación productiva que sigue siendo una fortaleza. El desafío no es renunciar a la identidad agrícola regional, sino actualizarla. Eso implica combinar el resguardo de rubros estratégicos con mayor valor agregado, mejor gestión hídrica, innovación, asociatividad, agroindustria y apertura a nuevas oportunidades productivas.

Además, la región tiene ventajas comparativas importantes. Sigue siendo un actor relevante en cultivos anuales a nivel país, mientras el desarrollo del riego y nuevas inversiones pueden abrir espacio para una agricultura más intensiva y competitiva.

En síntesis, la amenaza sería quedarnos inmóviles frente al cambio; la oportunidad es conducir esa transformación con visión regional, con apoyo público bien orientado y con un trabajo conjunto entre Estado, productores y sector privado.

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