Hace una semana que el Gobierno decretó Estado de Catástrofe en las regiones de Ñuble y Biobío a raíz de los incendios forestales que aún no dan tregua. En Ñuble van más de 7 mil 500 hectáreas quemadas en los últimos siete días, siendo las comunas más afectadas Ránquil, Bulnes, Quillón, San Nicolás, San Carlos, Trehuaco, Portezuelo y El Carmen, donde el fuego ha dejado a un hombre fallecido y panoramas desoladores con más de 1.500 personas afectadas, 582 damnificadas, 80 lesionadas, 242 viviendas destruidas y severos daños en el sector productivo.
Fernando Aedo Llanos, de 68 años, es uno de los damnificados de esta emergencia. Es bombero honorario de la Primera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Chillán y tiene domicilio en el sector El Torreón-Santa Isabel, comuna de San Carlos, donde el pasado miércoles 14 de enero el incendio, proveniente del sector El Manzano en San Nicolás, consumió por completo su vivienda y una bodega.
A su celular llegan todas las notificaciones y reportes de la central de alarma de Bomberos, pero ese día había bajado el volumen del teléfono para descansar junto a su esposa. Eran cerca de las 5 de la tarde cuando recibieron la llamada de una amiga avisando que había un incendio forestal cerca de su sector.
“Me levanto, reviso mi teléfono y las comunicaciones estaban repletas, fui a mirar por la ventana de la cocina y se veía la columna de humo. Vivo como a seis kilómetros de donde empezó el incendio en El Manzano, como bombero conozco un poco el sistema de cómo avanzan las cabezas de fuego y pensé que no iba a llegar a mi casa porque estaba lejos, pero fueron tantos los vientos que cambiaron de un lado a otro y como a la media hora llamé a un vecino, le dije que el fuego se veía fuerte, que había que evacuar y ahí empezó a sonar la alarma SAE, pero él se quedó tratando de proteger su casa. Yo, al contrario, salí con mi esposa, pesqué a mis dos perros, un gato porque el otro se arrancó para el potrero y a los caballos le abrí el portón para que arrancaran del fuego”, recuerda.
En ese momento bomberos ya estaba combatiendo el fuego camino a Monteleón, sin embargo, las llamas arrasaron con siete casas, avanzando hacia el límite de la comuna, donde se ubica la vivienda de Fernando, la que tampoco se salvó del fuego.
Era una casa amplia de dos pisos, arreglada con mucho esfuerzo por Fernando, pensando en pasar allí una jubilación tranquila y cómoda, en el campo con su esposa y poder tener a sus animales, pero en minutos todo se desvaneció.
“Cuando volví mi casa estaba consumida entera, igual que el galpón que también era de dos pisos. No había nada, los balones de gas se reventaron, se quemaron mis fardos, las herramientas, bancos, no quedó ni un martillo”, indica, agregando que más que la pérdida material, lo que realmente lamenta es haber perdido objetos que tenían un gran significado para él, tanto en lo sentimental como profesional.
“Estoy tranquilo, me he sentido bien, me he sentido acompañado de todos lados, partiendo por los bomberos, por el Club de Huasos de Chillán y amistades, hasta del extranjero me han llamado para saber cómo estoy. Entonces eso me ha hecho recapacitar, sé que perdí todos mis recuerdos, las fotos de mi madre, mi abuelo, cuando viajaba al extranjero traía muchas cosas bonitas, también se quemó mi ropa de bomberos, mis diplomas, reconocimientos y premios, todo eso se perdió, quedó en el recuerdo nomás, pero estamos vivos y a lo mejor me vuelvo a parar un poquito, pero nunca voy a lograr tener lo que tuve”, reflexiona.
“Yo quedé de brazos cruzados, perdí todo, perdí muchos años de mi vida que fui acumulando, para hacer y tener lo que tenía, pero hay gente que está sufriendo, que no tiene la red de apoyo que tengo yo y eso sí me da pena”, agrega Fernando.
Tras la tragedia, pernocta junto a su esposa en casa de sus hijos en Chillán. Una amiga le entregó de manera temporal una casa, la que ocupará mientras realizan los trabajos pendientes en la vivienda de emergencia que ya está instalada en su terreno.
“Las ayudas han estado súper bien, yo no tengo color político, pero estoy muy agradecido, partiendo por la casa que nos entregaron, en un día pararon la vivienda de emergencia, no se ha podido habitar porque estamos con el problema del baño, pero es perfecta para salir del paso. Cuando la casa esté en condiciones vuelvo al campo y voy a volver a pararme ahí mismo poco a poco, soy un jubilado y tengo una pensión pequeña, pero no puedo decir que soy un pobre, tengo un alma rica”, revela.
La Primera Compañía de Bomberos de Chillán realizó este sábado una completada para reunir fondos para seguir sumando ayudas para su voluntario honorario.

Otra vez damnificada
Angélica Valenzuela, de 59 años, es un ejemplo de resiliencia, ya que ha vivido varias tragedias. La primera, el terremoto de 2010 que la dejó damnificada, perdió todo: su vivienda y un taller de costura que recién había habilitado. La semana pasada la historia se repitió, pero no fue por un terremoto, esta vez fue un incendio, denominado “Monte Negro”, que afectó a las comunas de Bulnes y Quillón, destruyendo todo a su paso.
El incendio partió el sábado 17 de enero cerca de las dos de la tarde. Con el pasar de las horas las llamas se propagaron de manera agresiva a los sectores cercanos y ya estaba activa la Alerta SAE ordenando evacuar el sector Manque Sur en Quillón, donde reside Angélica.
“Yo no estaba en mi casa, había salido, mis vecinos me avisaron que había focos de incendio cerca, se dispersaron en sectores cerca de los cerros y nos sorprendimos porque avanzó tanto y rápido el incendio, primero se quemaron como cinco casas, después ya había como 10 casas quemadas, pero fue en cosa de segundos. Mis vecinos evacuaron a mi mamá que tiene 85 años, cuando yo quise llegar ya estaba lleno de Bomberos y Carabineros y no dejaban entrar porque ya estaba casi todo quemado, unas 10 o 15 cuadras quemadas”, precisa.
La vivienda en la que vive con su madre resultó totalmente destruida, junto a un taller destinado a su pyme de costura, mantelería y cortinaje. La pérdida de materiales y maquinarias de su emprendimiento está valuada en $7 millones de pesos aproximadamente.
“Se me quemó toda mi producción, yo hago todo lo que es mantelería, cortinaje, servilletas, caminos de mesa, delantales, buzos, entre otras cosas a todos los restaurantes de Quillón, también hago prendas de vestir para hombre y mujer. Perdí seis máquinas, una industrial, las otras eran multipunto, una Overlock y una bordadora semi industrial, perdí espejos, materiales, probador, tijeras, no quedé con nada: salí con una huincha, unos alfileres y una tijera”, detalla.
“Estas casas nos las dieron después del terremoto, ahí también perdimos todo, nuestra casa que era de adobe de estilo patronal se vino abajo, recién había construido otro taller y se me hicieron pedazos las máquinas. Ahora nos pasó lo mismo, pero con el fuego, así que ya he perdido dos veces las máquinas”, agrega.
La emprendedora ahora solo piensa en buscar la manera de levantar de nuevo su taller y empezar a trabajar, pero para eso debe adquirir al menos una máquina.
“Estoy tratando de pedir ayuda, buscar los recursos para poder salir adelante, ojalá que algún empresario se ponga la mano en el corazón o alguien que nos pueda ayudar. Lo principal es tratar de recuperar, aunque sea una máquina y empezar a trabajar de nuevo y conseguir los apoyos para levantar de nuevo un taller, porque yo soy cuidadora de un adulto mayor, yo soy el pilar de la casa, la jefa de hogar es mi mamá, pero ella con una pensión de $200.000 no puede hacer nada”, afirma.
En cuanto a las ayudas, Angélica ha recibido apoyos desde el municipio que ya envió personal y maquinaria para el retiro de escombros y limpiar el terreno, donde espera pronto puedan instalar una casa de emergencia. “Ya llené la ficha FIBE, vino una asistente social a ver si nos pueden dar una mediagua, los bomberos vinieron a dejarnos agua en un estanque que conseguimos y mientras nos estamos quedando en casa de una tía”, dice.
“Quiero que mi mamá esté bien, que nos puedan ayudar con una mediagua para tener al menos donde dormir con mi mamá que está con una crisis de pánico, con una bronquitis obstructiva y ese día del incendio hubo que ponerle oxígeno y está un poquito complicada, pero lo más importante es la vida, que a mi mamá no le pasó nada en el incendio porque pudo morir dentro de la casa”, añade.
Las personas que deseen colaborar con su proceso de reconstrucción pueden hacer aportes a su cuenta: Angélica Valenzuela RUT 11.088.896-1, BancoEstado, cuenta RUT.

Viñas patrimoniales
En el sector El Chudal, comuna de Portezuelo, se ubica la Viña Parra que registra al menos cuatro hectáreas quemadas y 50% de su producción perdida por el incendio forestal “Perales Biobío”, el cual se produjo en la comuna de Ránquil, pero producto del viento y las pavesas se propagó hacia las comunas vecinas de Portezuelo y Trehuaco.
“Se me quemó todo, tenía una cabaña que la estaba terminando e instalando tinajas para el tema del enoturismo dentro de la misma viña. La casa habitación que tenía yo, más la bodega completa, se me botaron vinos que tenía de guarda, barricas, tenía como 20.000 litros más o menos para envasar, era un vino que tenía tres años. En el fondo quedé sin nada, con lo puro puesto”, relata Carlos Parra Herrera, dueño de la viña, quien calcula su pérdida en alrededor de $200 millones a $300 millones.
Confiesa que estuvo hasta el último momento en la viña y fueron los carabineros quienes lo obligaron a abandonar el lugar ante la inminente llegada de las llamas. “Yo nunca quise abandonar hasta que los carabineros me sacaron de acá porque tenía que evacuar, afortunadamente estaba solo porque mi familia está en Concepción”.
Pese al daño que registra su viña, Carlos aseguró que no está ni triste ni angustiado por lo sucedido, más bien está optimista y confiado en que una vez más podrá reconstruir y sacar adelante el proyecto que partió hace 40 años en el Valle del Itata. “Alguien me escribió que ‘a la Viña Parra se le quemó todo, menos las ganas de salir adelante’, y eso es verdad, tengo todas las ganas de salir adelante, porque, primero que nada, no soy una persona materialista, todo esto fue creación propia, compré y empecé con la viña hace 40 años, todo lo que estaba aquí lo construí yo”, subrayó.
Fue visitado por el gobernador regional, el alcalde de Portezuelo, el Serviu e Indap para realizar un catastro de los daños y canalizar las ayudas correspondientes.
“Creo que el lunes la municipalidad viene a emparejar un pedazo de terreno para ponerme una vivienda de emergencia, aunque ya instalé una carpa a la orilla del río y ahí estoy acampando. Ya me vinieron a energizar porque no tenía ni siquiera luz, si no tengo luz, no tengo agua, porque yo funciono con puntera, entonces ya ahora por lo menos tengo un techo acá, aunque sea de lona, mi primer nuevo hogar es una carpita, pero ahí estoy feliz”, resaltó.
El viñatero hizo un llamado de atención sobre los incendios forestales y su impacto cada verano en las viñas ancestrales que solo existen en el Valle del Itata, y acusó a las empresas forestales de ser las responsables.
“Primera vez que me toca a mí, pero el rubro está afectado hace rato, hace 10 años atrás que no tenemos verano, no tenemos vacaciones, porque tenemos que estar haciendo rondas en la noche, en el día, porque los incendios parten en un lado, empiezan a circular y estamos expuestos. Puede ocurrir cada 10 años una catástrofe por incendio, pero no todos los años, entonces eso no lo podemos normalizar. Eso tiene una causante, un responsable y es con nombre y apellido, son las empresas forestales, porque estos incendios no los causa la señora Juanita, a la que se le reventó el cilindro y dejó la escoba, o la que hizo una parrilla e hizo este incendio, no. Aquí los incendios forestales son en el fondo lagunas de combustible, que son los bosques, porque un incendio provocado si no tiene acelerante o no tiene combustible, no prende más allá y los bosques tienen hectáreas y hectáreas, entonces es una caldera que se arma y se van fortaleciendo uno con otro, es como tiene un efecto dominó, entonces eso es incontrolable”, cuestionó.
Aseguró que de no tomar acciones responsables a tiempo las viñas del Valle del Itata podrían desaparecer. “De aquí a 5 años las viñas desaparecen y se va a llenar de bosques, entonces vamos a perder el Valle Itata como valle vitivinícola, y va a ser el Valle del Itata forestal. Aquí hay viñas que tienen más de 300 años y creo que no se está tomando en serio el tema. Honestamente, estoy más afectado socialmente como valle, como comuna de Portezuelo, más que en forma particular, porque lo mío lo puedo solucionar, pues me regalan una casa y me voy a dedicar el resto de mi vida a resguardar mi casa, a poner mangueras y estanques de agua, pero esa no es la solución, tenemos que solucionar el problema de fondo, conversar con estos señores corbateados de las forestales”, indicó.
“La agricultura aquí está teniendo los días contados, están prácticamente estrangulándonos, estamos rodeados de bosque por todos lados sin ninguna norma, o sea, aquí por ejemplo el que planta bosque después está obligado a plantar bosque de nuevo, porque no se puede cambiar el destino del terreno. Hay montones de medidas que podrían entrar a mitigar, yo creo que bajaríamos hasta en un 80% el tema de los incendios, pero tenemos que concentrarnos y ponernos de acuerdo”, agregó.

Colmenas afectadas
Con daños parciales en su vivienda resultó afectado Lorenzo Cunill, presidente de la Agrupación de Apicultores de El Carmen. El mayor daño provocado por los incendios que afectaron al sector Los Puquios hace una semana atrás se lo llevaron los cercos y las colmenas de abejas.
“En lo que yo resulté más afectado fue la parte principal de la casa, la que da a la calle, porque a mis vecinos que son agricultores, son trigueros, se le quemaron sus siembras, entonces, ese fuego, esa radiación del calor me quemó todo lo que estaba en la parte delantera de la casa. Había pasto, estacas y cercas que se quemaron, y unos 40 fardos”, explicó.
Lorenzo aseguró que una máquina trilladora en un predio cercano fue la causante del origen del fuego. “El culpable de todo esto fue de una máquina trilladora, todos los vecinos escuchan la máquina, y de aquí se ve cuando está trillando, y ese día trilló todo el día hasta que quedó la embarrada nomás, desconozco qué va a pasar con eso”, comentó.
“Afortunadamente tenemos riego, entonces pusimos aspersores por todos lados, y antes de eso ya teníamos regado, porque tenemos ovejas, entonces uno mantiene una pradera verde y también previniendo el tema de los incendios teníamos bien regadito, siempre estaba verde, aunque con el calor igual se quemó la parte de adelante”, agregó.
En medio de la emergencia por el incendio el instinto de las ovejas fue resguardarse en el corral, mientras que las abejas resultaron afectadas por el humo y las altas temperaturas.
“Tengo 80 cajones inscritos en el SAG, un cajón se quemó con sus abejitas, pero el resto de los cajones también están afectados, es como un estrés que se provoca dentro de la colmena por la cantidad de humo, las abejas se quedan dentro de la colmena y se comen la miel”, detalló el apicultor.
“Por decir, un cajoncito que puede estar lleno entre 20 a 30 kilos de miel, y ahora voy a revisarlo y ya no hay miel, entonces eso me perjudica en el tema productivo y para el tema de otoño e invierno, porque hay que alimentar a las abejas con mayor cantidad de alimento, aparte que no coseché. Entonces, uno dice en vez de haber cosechado 30 kilos, voy a tener que invertir plata para alimentar a las abejas para la invernada. Ahora estoy viendo que están más más activas las colmenas, porque están buscando otros lugares para seguir sacando el néctar y el polen”, añadió, y a su vez recuerda que hace años atrás perdió más de 200 colmenas también a raíz de un incendio.
Indicó que desde la municipalidad de El Carmen fueron a inspeccionar los daños y agradeció la ayuda prestada tanto municipal como vecinal mientras transcurría el incendio. Por ahora está pendiente de realizar rondas en los predios y verificar que no haya troncos encendidos y evitar la reactivación de los focos.




