Señor Director:
Tras la caída en la matrícula de educación parvularia a nivel nacional, según indicó la Subsecretaría de Educación en su informe de Caracterización 2025, es relevante señalar lo trascendental que son los primeros años de escolaridad.
Robert Fulghum lo dice todo: “Todo lo que hay que saber lo aprendí en el jardín de infantes”. Según el autor, la sabiduría no está en la cima de la montaña de la carrera educativa, sino en la caja de arena del jardín. Asimismo, Unicef plantea que, entre los 0 y 4 años se sientan las bases para el desarrollo y crecimiento; la OMS, indica que las capacidades que se desarrollan durante la educación inicial, son la base para construir el pensamiento, lenguaje, etc. Y de acuerdo a la OCDE, conforme los resultados de la prueba PISA de Ciencias, los jóvenes chilenos de 15 años, que asistieron a la educación parvularia, superaron en 41 puntos porcentuales a quienes no lo hicieron.
La evidencia es contundente, por ello es fundamental que padres, madres o cuidadores releven la necesidad de que sus niños y niñas participen de este tipo de formación. También debe dotarse a los establecimientos con programas focalizados en los más pequeños. Existe oferta programática, la Fundación San Carlos de Maipo, desde 2017 implementa el programa I Can Problem Solve, de la doctora Mirna Shure, donde la filosofía está en enseñar a los niños “Cómo pensar”, no “Qué pensar”, con el fin de desarrollar sus habilidades socioemocionales.
Las herramientas existen, solo necesitamos poner los cimientos donde deben estar.
Raúl Perry
Gerente de Programas en Fundación San Carlos de Maipo




