La gobernabilidad del próximo período no estará determinada únicamente por el respaldo obtenido en las urnas, sino por la fría matemática del Congreso.
El Presidente electo José Antonio Kast asumirá el próximo 11 de marzo con una base parlamentaria insuficiente para imponer su agenda sin negociar, en un escenario en el que cada proyecto exigirá acuerdos transversales, o en su defecto, un repliegue hacia la gestión administrativa y el uso intensivo de herramientas ejecutivas, como el decreto.
Sin mayoría propia en ninguna de las cámaras, la próxima administración dependerá de acuerdos con fuerzas externas al oficialismo, especialmente el Partido de la Gente (PDG) y el Partido Nacional Libertario (PNL), cuyos votos podrían definir el destino de la agenda legislativa.
Para alcanzar mayoría simple en la Cámara de Diputados se requieren 78 votos, pero los partidos que respaldan al nuevo gobierno sumarían cerca de 68 escaños. Esa diferencia convierte a ambas colectividades en actores determinantes para avanzar en proyectos clave.
El Senado, en tanto, quedará empatado en 25 escaños por sector, lo que obliga a negociaciones permanentes y disciplina absoluta. Aunque el cuadro es menos adverso que el que enfrentó Gabriel Boric al inicio de su mandato, la cercanía numérica no garantiza estabilidad.
Kast estará a dos votos de la mayoría absoluta en la Cámara y a uno en la Cámara Alta, pero para reformas estructurales -como eventuales modificaciones constitucionales- el umbral de 4/7 lo mantiene lejos de una aprobación sin apoyos adicionales.
En ese tablero, el rol de Franco Parisi y Johannes Kaiser será gravitante. Aunque no ocuparán escaños, todo apunta a que ejercerán fuerte influencia sobre sus respectivas bancadas.
Desde el PDG ya han reiterado que no se consideran oficialistas ni opositores, adelantando que evaluarán cada proyecto según su propia agenda. La consigna “ni facho, ni comunacho” resume esa lógica de independencia estratégica.
“Apoyos no son lineales”
Para Cristian Quiroz, Doctor en Administración y Política Pública, el escenario es más complejo de lo que sugieren los números.
“El próximo gobierno, a mi juicio, tendrá un complejo escenario en el congreso para sacar adelante el programa comprometido. Si bien existirá un empate en el Senado, con 25 senadores del nuevo oficialismo y 25 que ahora serán oposición, la cámara tendrá una composición distinta. El bloque de derecha obtuvo los escaños suficientes para una mayoría simple, pero le faltan por lo menos 10 votos para aprobar proyectos más relevantes”, afirmó.
Quiroz advierte que recurrir al PDG o al PNL no es una solución lineal.
“Esto en el papel se puede ver sencillo, pues podría recurrir al Partido de la Gente (PDG) o al Partido Nacional Libertario (PNL), pero se pueden presentar a los menos tres problemas: primero, la condición de ‘outsider’ de los líderes de ambos partidos, Parisi y Kaiser. Ninguno de los dos tiene interés ni compromiso con la institucionalidad republicana, por el contrario, su perfil populista los sitúa con una crítica directa a la política y al sistema; segundo, ambos líderes querrán diferenciarse del oficialismo y oposición, y promover agenda propia que fortalezca sus eventuales nuevas candidaturas presidenciales; tercero, ambos partidos, y especialmente el Nacional Libertario, no tienen predisposición ni cultura política para la construcción de acuerdos, requisito esencial para la unidad entre el gobierno y el legislativo”, aseveró.
No obstante, Quiroz no descarta apoyos puntuales.
“Aún así, creo que es posible que el PDG pueda concurrir con su adhesión en el congreso frente a materias puntuales, en las que pueda coincidir con el Ejecutivo. Por otra parte se puede avizorar un nuevo quiebre en la ultra derecha, con un sector del PNL que quiere participar en el Gobierno, a diferencia de la posición tomada por Kaiser”.
En este marco, comienza a tomar fuerza la hipótesis de un gobierno que desplace el eje desde la gran reforma estructural hacia la administración pragmática. Algo de ello podía intuirse en el programa de Kast, más cercano a un listado de medidas concretas, que a un rediseño sistémico como los impulsados en su momento por Michelle Bachelet, Sebastián Piñera o Gabriel Boric.
Seguridad pública, migración, eficiencia del gasto y reactivación económica aparecen como áreas en las que el Ejecutivo podría avanzar mediante decretos, reglamentos y gestión presupuestaria.
“Gobierno de emergencia”
Gabriel Pradenas, analista político regional, lo define en términos de “Gobierno de Emergencia”.
“El nuevo gobierno ha definido su administración como un Gobierno de Emergencia. Más que una consigna, esta definición refleja el reconocimiento de las restricciones reales que impone hoy el Congreso. El sistema legislativo chileno contempla distintos tipos de leyes con quórums crecientes, lo que reduce de manera significativa el margen para impulsar reformas cuando no se cuenta con mayorías parlamentarias sólidas. Si se asume asistencia completa de parlamentarios y se eliminan pareos y ausencias, la capacidad de avanzar en legislación sustantiva resulta acotada”, manifestó.
Pradenas agrega que la tensión entre expectativas y realidad será permanente.
“En este contexto, uno de los principales ejes de tensión del nuevo gobierno será la permanente distancia entre expectativas y realidad. Cumplir la regla fiscal en un escenario de estrechez presupuestaria, reactivar la economía sin mayorías legislativas claras y avanzar en seguridad pública abordando simultáneamente el fenómeno migratorio son desafíos que estarán de forma constante sobre la mesa”, dijo.
A su juicio, bajo estas condiciones el centro de gravedad del Ejecutivo se desplaza.
“Bajo estas condiciones, el centro de gravedad de la acción del Ejecutivo tiende a desplazarse desde la producción legislativa hacia dos herramientas decisivas. La Ley de Presupuestos y la fiscalización. El presupuesto se convierte en el principal instrumento para orientar prioridades económicas y territoriales, mientras que la fiscalización cumple un rol clave en ordenar al Estado y exigir desempeño. Gobernar en emergencia implica menos cambiar las reglas y más administrar con realismo las que ya existen”, aseveró.
Más pragmatismo
Desde el futuro oficialismo, el senador por Ñuble Gustavo Sanhueza (UDI), enfatiza que el Presidente electo ha dado señales de apertura desde el primer momento.
“Las señales del Presidente electo José Antonio Kast han sido muy claras desde el mismo 14 de diciembre, en el sentido de ampliar el arco de apoyo político y legislativo. La primera señal fue la conformación del Gabinete, como representación fiel de las fuerzas que trabajamos por el Rechazo en el primer Plebiscito Constitucional”.
El parlamentario agrega que existirán garantías de diálogo.
“Por otra parte, José García Ruminot y Claudio Alavarado son garantías de diálogo y acuerdos con todos los sectores políticos. En esa dinámica, me parece sano que los proyectos sean debatidos y optimizados tomando en consideración las distintas visiones. Es el ánimo que demostraremos desde el primer día como bancadas oficialistas”, sostuvo.
Finalmente, recalcó el carácter pragmático que tendrá la administración.
“Un elemento a considerar es que este gobierno será bien pragmático bajo la premisa de la emergencia, y no tan ideológico como el que termina, por lo que el acento estará más puesto en proyectos cortos y tangibles que permitan mejorar la calidad de vida de los chilenos”, mencionó.
La hipótesis de un Ejecutivo que recurra con mayor intensidad a decretos y actos administrativos genera inquietud en la futura oposición, que advierte sobre el riesgo de tensionar la relación entre poderes. Aunque el marco constitucional establece límites claros, el uso intensivo de herramientas administrativas podría convertirse en el principal recurso para sortear un Parlamento fragmentado.
Más que un conflicto ideológico profundo, el ciclo que se abre es uno de matemática política. Cada votación será una prueba de cohesión, negociación y cálculo estratégico. En ese contexto, la épica de las grandes reformas parece ceder espacio a la política del detalle y la gestión incremental. Gobernar, en este escenario, será menos transformar y más administrar con precisión quirúrgica los márgenes que dejará el Congreso.



