Señor Director:
El gobierno chileno ha condenado la operación militar emprendida por Estados Unidos en Venezuela, que culminó con el arresto del dictador Nicolás Maduro. En su declaración reafirma principios fundamentales que tradicionalmente han informado la política exterior de nuestro país, lo que por cierto parece pertinente y adecuado. Posteriormente, se ha sumado a otros gobiernos de izquierda de América Latina y España, suscribiendo una declaración conjunta que también pone énfasis en el cuestionamiento de la acción estadounidense.
Lo que se echa de menos en la posición de las autoridades chilenas, es una palabra siquiera acerca de la caída de un dictador sanguinario, un hampón de la peor ralea que, desde luego, detentaba un cargo para el cual no fue electo; un auténtico usurpador que saqueó a su país con la mayor vileza; pauperizó y condenó a la miseria a grandes mayorías de su pueblo; forzó el quiebre de las familias y arrastró al exilio a millones de compatriotas; violó de manera grosera e inmisericorde los derechos humanos más elementales de miles de ciudadanos, y corrompió con negocios inmundos las entrañas mismas del Estado venezolano.
Lo anterior, sin ninguna duda, debiera ser apreciado como una noticia positiva para la región, puesto que a estas alturas ya estamos cansados de dictadorzuelos engreídos y mesiánicos que han condenado a sus pueblos a la miseria, a indecibles humillaciones y a la desdicha generalizada. Esa manera de apropiarse del Estado, inspirados en una ideología malsana, y desde el poder infligir sufrimiento metódico a la población, sencillamente no es aceptable.
Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega




