Dos semanas después de la instalación del nuevo gobierno, y en medio de un escenario marcado por el alza de las bencinas, la Delegación Presidencial de Ñuble comenzó recién a destrabar el nombramiento de sus primeros seremis.
La señal, aunque esperada, llega en un momento complejo, con críticas acumuladas por la tardanza y con un oficialismo que debió administrar tensiones internas y presiones cruzadas para cerrar las primeras designaciones.
El delegado presidencial, Diego Sepúlveda, anunció los nombres de Educación, Medio Ambiente y Economía, tres carteras consideradas estratégicas para el arranque de la gestión regional. Sin embargo, más que despejar dudas, los nombramientos dejaron al descubierto las complejidades del proceso.
En Educación asumirá Felipe Vogel, ex UDI ligado a sectores cercanos al Partido Republicano. Su arribo no está exento de antecedentes, ya que durante su paso por el Biobío enfrentó cuestionamientos por publicaciones en redes sociales. Aun así, su experiencia previa como seremi y en el Deprov Ñuble pesó en la balanza.
En Medio Ambiente, la designación recayó en Angélica Cuevas, abogada vinculada a RN y con redes en la dirigencia regional. Su perfil técnico y experiencia en materias territoriales fue uno de los factores que facilitó su nominación.
Distinto fue el caso de Economía, cartera donde se impuso Manuel Cofré, cercano al diputado Carlos Chandía. Ingeniero civil y abogado, su trayectoria incluye un paso como seremi de Energía, aunque también arrastra cuestionamientos tras una investigación de Contraloría por uso de recursos institucionales en contexto electoral (primer plebiscito Constitucional).
A estas designaciones se suman otros nombres ya confirmados, aunque aún no oficializados públicamente.
En Bienes Nacionales asumiría Rodrigo Herrera, militante de RN, mientras que en Obras Públicas lo haría Jorge Parra. Este último nombramiento no ha estado exento de cuestionamientos internos, debido a su vínculo familiar con el jefe de gabinete del ministro de la cartera, Martín Arrau, lo que generó incomodidad en sectores del oficialismo.
Con estos nombres sobre la mesa, en el gobierno reconocen que el proceso estuvo lejos de ser expedito. Las negociaciones se extendieron más de lo previsto, con nudos particularmente complejos en dos áreas clave: Salud y Seguridad Pública.
Chomalí y la continuidad
En Salud, la tensión escaló al punto de involucrar directamente a la ministra, May Chomalí.
La UDI empujaba el nombre del nutricionista Jorge Carrillo, pero desde el nivel central se habría intervenido para mantener a la actual seremi, Michelle de Arcas, en línea con una estrategia de continuidad técnica que ha marcado la instalación del ministerio. El llamado “estilo Chomalí” -basado en preservar equipos y evitar giros bruscos- tensionó las tratativas regionales y retrasó la definición.
En paralelo, Seguridad Pública se transformó en un campo de disputa abierto entre Republicanos y la UDI. La pugna tuvo incluso un componente familiar: el exmilitar Pablo González, cercano a Republicanos, y su hijo, el abogado Juan Pablo González, militante UDI, figuraron como cartas en competencia por el mismo cargo. El episodio graficó el nivel de presión política sobre una cartera considerada estratégica en el contexto actual.
Pese a este escenario, en el oficialismo aseguran que el resto de los nombres (restan 15) ya está definido y que durante este jueves o viernes se oficializaría el grueso del gabinete regional.
Entre los confirmados que aún no han sido anunciados públicamente figuran los UDI Carolina Navarrete en Vivienda y Alan Ibáñez en Desarrollo Social.
La demora, sin embargo, ya dejó costos. En medio de una coyuntura sensible por el alza de los combustibles y con demandas ciudadanas en aumento, la región operó sin sus principales autoridades sectoriales durante días clave. El inicio tardío del gabinete no solo evidenció dificultades de coordinación, sino también el peso del cuoteo político en la instalación del nuevo gobierno.
Con los primeros nombres ya sobre la mesa, la expectativa se traslada ahora a la capacidad del equipo para responder a un escenario exigente desde el primer día, y a si el retraso en su conformación terminará pasando la cuenta en la gestión.




