A diferencia de lo que ocurrió con la tasa de desempleo a nivel regional, que anotó una contracción de 0,8 puntos en el trimestre septiembre-noviembre de 2025, promediando un 9,2%; la tasa de desocupación de las mujeres alcanzó un 11,2%, aumentando 0,7 puntos en doce meses; mientras que, la tasa de desempleo en hombres descendió 2,2 puntos y se situó en 7,5%.
Según el INE, el alza interanual de la tasa de desempleo femenino en Ñuble se debió al aumento de 13,1% en las mujeres desocupadas, que pasaron de 10.780 en septiembre-noviembre de 2024, a 12.190 en la reciente medición, un incremento más significativo que el de la fuerza de trabajo femenina (5,8%) y el de las mujeres ocupadas (5,0%).
El informe del INE destaca, además, que debido a la expansión de las mujeres en edad de trabajar (1.993 adicionales), la tasa de participación laboral femenina anotó una variación interanual de 2,2 puntos, para ubicarse en 47,6%. En tanto, la tasa de ocupación femenina aumentó 1,7 puntos, situándose en 42,3%. Por otro lado, las mujeres que están fuera de la fuerza de trabajo o inactivas descendieron 3,2% en doce meses.
Si bien la participación femenina mostró avances, a nivel local existe cierto consenso en que las brechas de género continúan siendo un desafío estructural, especialmente en términos de acceso y estabilidad del empleo formal.
Desde la mirada del Observatorio Laboral de Ñuble, la región aún enfrenta desafíos relevantes para consolidar un crecimiento laboral inclusivo y sostenible. En este escenario, sostienen que resulta clave fortalecer la articulación público-privada, impulsar la formación de capital humano pertinente a las necesidades del territorio y avanzar en políticas que favorezcan la inserción laboral femenina.
En este sentido, la compatibilización de la vida familiar con el trabajo sigue jugando un rol fundamental como principal factor de incorporación, aunque también deben considerarse otras causas que muchas veces se vinculan con la primera, como las remuneraciones, aspecto clave que hace que el costo de oportunidad de ingresar al mercado laboral sea más alto (el sueldo de una niñera o el pago de una guardería) que el salario al que se aspira.
Y esto lleva al ámbito de la segregación de la mujer a ciertos sectores de la economía, así como también a la discriminación en cuanto a la calidad de los empleos, donde la precarización del trabajo es más notoria en mujeres.
La precariedad de los empleos de las mujeres tiene mucho que ver con las rigideces del mercado laboral y con una cuota importante de discriminación cultural, legal y económica, pero también con las dificultades para compatibilizar la crianza de los hijos con el empleo, lo que obliga a muchas a buscar ocupaciones que les permitan estar físicamente con la familia la mayor parte del tiempo.
En la última década se han dado pasos importantes para contrarrestar las inequidades del mercado laboral, donde destaca la construcción de salas cuna, la ampliación del postnatal, programas de capacitación gratuitas, bonos a mujeres más vulnerables, subsidios para emprendimientos y un programa público de guarderías.
Pero, claramente, el desafío es profundizar los planes y programas que ya están en ejecución, avanzar en poner fin a las discriminaciones que desincentivan la contratación de mujeres y flexibilizar las leyes laborales.




