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Cuoteo, vetos y desorden: la trastienda que frena la llegada de los(as) seremis

Mauricio Ulloa

La instalación del nuevo gobierno continúa entrampada en regiones, y Ñuble se ha convertido en un reflejo nítido de las dificultades.

A una semana y media del inicio de la administración, la designación de los 18 secretarios regionales ministeriales sigue sin concretarse, en medio de una trama marcada por disputas políticas, vetos cruzados y falta de definiciones.

El retraso no es solo una señal de desorden interno, sino que ya tiene efectos concretos.

Durante el sistema frontal que afectó a la zona el fin de semana pasado, la coordinación de la emergencia recayó íntegramente en los delegados regional y provinciales, sin el apoyo de las autoridades sectoriales clave. La ausencia de seremis en carteras como Obras Públicas, Vivienda o Desarrollo Social dejó en evidencia un despliegue estatal incompleto en un momento crítico.

Factores “administrativos”

Desde el nivel central, el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, intentó contener las críticas atribuyendo la demora a factores administrativos: el procedimiento que obliga a los delegados a proponer nombres, la revisión de antecedentes y la magnitud de los cargos a llenar. Sin embargo, en los partidos oficialistas reconocen que el principal cuello de botella es político.

La pugna entre la UDI y el Partido Republicano por controlar carteras estratégicas ha tensionado las negociaciones, mientras que en Renovación Nacional crece la incomodidad ante la falta de respuestas a sus propuestas. A ello se suma la escasez de perfiles que logren consenso y la resistencia a reinstalar exautoridades del segundo gobierno de Sebastián Piñera, lo que ha reducido aún más el margen de maniobra.

En paralelo, la agenda del Ejecutivo ha estado dominada por anuncios de alcance nacional, relegando la urgencia de completar los equipos regionales. El resultado es una instalación a medias, en la cual los nombres circulan, pero las confirmaciones no llegan.

En Ñuble, pese a algunos avances como la designación de delegados provinciales y de la jefatura regional de Subdere, el total de las seremías sigue en suspenso. Las listas se mueven entre partidos, los vetos se acumulan y las decisiones se postergan.

“Sin seremis, el Estado actúa con limitaciones evidentes en terreno, y eso se nota especialmente en emergencias complejas”, advirtió el diputado socialista, Francisco Crisóstomo.

Precisamente, desde la oposición, han sido más duros y han vinculado directamente la demora con la falta de conducción política del oficialismo, especialmente tras la emergencia climática que afectó a la región.

Más allá de las explicaciones formales, el episodio deja en evidencia una dificultad mayor: la coalición de gobierno no ha logrado ordenar sus equilibrios internos ni traducirlos en un despliegue eficaz en regiones. Y mientras el ajuste se negocia en Santiago, en territorios como Ñuble la ausencia de autoridades sectoriales sigue pasando la cuenta.

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