Señor Director:
En tiempos de elecciones presidenciales, Chile enfrenta un fenómeno cada vez más complejo: la saturación informativa. Nunca habíamos tenido tanto acceso a datos, encuestas y discursos en tiempo real, pero nunca había sido tan difícil distinguir entre lo relevante y lo falso.
El votante de hoy vive inmerso en una tormenta digital. Su teléfono vibra con videos, rumores y mensajes diseñados para reforzar creencias previas. Las redes sociales se han convertido en el campo de batalla político donde los algoritmos premian la reacción antes que la veracidad. El resultado: una opinión pública fragmentada y fácilmente manipulable.
Culpar solo a las plataformas sería cómodo. Muchos medios tradicionales también han cedido ante la lógica de la inmediatez, sacrificando análisis y verificación por clics y titulares llamativos. En este escenario, la ciudadanía navega entre versiones parciales y desmentidos tardíos.
El desafío no será solo elegir candidatos, sino aprender a filtrar. La educación mediática debe ser prioridad nacional: un votante informado no es quien recibe más datos, sino quien sabe interpretarlos.
La democracia depende de algo más frágil que la tecnología: la confianza. Si la información se vuelve ruido, se erosiona el diálogo y, con él, nuestra capacidad de decidir juntos.
Dr. Danilo Leal
Director Magíster en Ingeniería Informática UNAB


