Señor Director:
Las respuestas políticas del Gabriel Boric ante el reciente ataque de Donald Trump y la captura del narcodictador Nicolás Maduro resuenan con un desatino inmenso. La falta de preparación, sumada a la ansiedad por potenciar un color político que lentamente pierde tracción en la región, termina por empujarlo a una postura irresponsable y desconectada del interés estratégico del país. En vez de cautela diplomática y lectura fina del tablero internacional, se privilegia la señal ideológica, aun cuando esta ya no convoca mayorías ni ofrece soluciones concretas.
El resultado es una política exterior errática, más preocupada de hablarle a un nicho que de resguardar la posición de Chile en un escenario global volátil. En ese sentido, el episodio deja una conclusión incómoda pero relevante: el país, con todos sus problemas, se salvó de un gobierno aún más a la izquierda, cuya rigidez doctrinaria habría profundizado este tipo de errores y elevado los costos políticos, económicos y diplomáticos. La realidad, como suele hacer, terminó imponiéndose sobre la consigna.
Manuel Andrés Osorio Rivas
Ingeniero Comercial Universidad de Concepción



