Sin duda que son buenas noticias para la región los recientes indicadores de empleo entregados por el INE, en los que se constata una caída de 0,7 puntos en 12 meses en la tasa de desocupación, ubicándose en 8,6% en el trimestre octubre-diciembre de 2025; así como también la reducción de 4,4 puntos en 12 meses en la tasa de ocupación informal en Ñuble, que se ubicó en 31,2%.
Si bien están muy lejos de ser cifras para celebrar, de hecho, están entre las más elevadas del país, desde el gobierno han relevado la tendencia a la baja que vienen mostrando estos indicadores, de la mano de un incremento sostenido en la creación de empleos durante los últimos 12 meses, principalmente formales.
Los sectores económicos que más empleos crearon -en 12 meses- fueron salud, agricultura y enseñanza, además del servicio doméstico. Por otro lado, la industria manufacturera es el sector que más puestos de trabajo perdió.
Sin embargo, las grandes cifras suelen esconder las brechas que existen entre los segmentos del mercado laboral de la región, donde resulta alarmante constatar los elevados niveles de informalidad en mayores de 60 años (más de 48%) y en menores de 25 (más de 37%); así como también otros fenómenos, como las bajas tasas de participación en el mercado laboral de las mujeres en zonas rurales (36%) o el aumento del desempleo en trabajadores con mayor nivel educacional, lo que se relaciona con la destrucción de empleos en la industria manufacturera y plantea el problema de la fuga de talentos en una región cuya economía no es capaz de ofrecer oportunidades para muchos técnicos y profesionales.
Esto permite concluir que en Ñuble se han creado empleos de baja calidad y se han destruido empleos de mayor calidad en un periodo de escaso dinamismo económico y laboral, en un contexto de cambios culturales y tecnológicos que están impactando la empleabilidad, como, por ejemplo, el avance de la automatización de procesos industriales y logísticos, la mecanización de faenas en el campo y el auge del e-commerce, que han ido sustituyendo la mano de obra en diversos sectores.
Asimismo, los cambios normativos en materia laboral y previsional han contribuido a encarecer el costo de la mano de obra, sin dejar espacio a mayores niveles de flexibilidad, que, sin duda, contribuiría a estimular la contratación.
La región necesita con urgencia un shock de inversión privada que permita generar empleos de calidad, pero, lamentablemente, además de las trabas que existen en materia de “permisología”, como ocurre en el resto del país; Ñuble enfrenta dificultades adicionales, como su infraestructura pública deficitaria, principalmente en transmisión eléctrica, embalses, vialidad y conectividad digital.
Se valoran los esfuerzos desde el sector público por atraer inversiones a la región y por intentar revertir el rezago de infraestructura, pero estos siguen siendo insuficientes para retener el capital humano de Ñuble.
Tal como expresó el futuro delegado presidencial regional, Diego Sepúlveda, “Ñuble no aguanta más diagnósticos”, lo que se necesita es acción.



