El año 2025 marcó un hito para el patrimonio cultural de Chillán, con la consolidación de dos nuevas declaratorias de Monumento Nacional, que reconocen y protegen obras y espacios fundamentales de la memoria artística y social de la ciudad.
Uno de los avances más relevantes se concretó el 20 de agosto de 2025, cuando el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio despachó el Decreto Exento N°21/2025, que oficializa la declaratoria como Monumento Histórico Nacional del mural Principio y Fin, del artista Julio Escámez.
Este decreto vino a cerrar una etapa clave del proceso iniciado en diciembre de 2024, cuando el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó de manera unánime la protección de la obra. Con la publicación del decreto, el mural quedó formalmente resguardado, permitiendo avanzar de manera definitiva en su recuperación y conservación.
La obra, realizada entre 1970 y 1972 y emplazada en el Salón de Honor de la Municipalidad de Chillán, cuenta con más de 100 metros cuadrados distribuidos en dos grandes paños. Tras el golpe militar de 1973, el mural fue censurado y cubierto con capas pictóricas que lo mantuvieron oculto por más de cinco décadas. El propio artista, exiliado en Costa Rica desde 1974, falleció en 2015 convencido de que su obra había sido destruida. Su redescubrimiento ocurrió en 2021, en el marco de un trabajo liderado por la Unidad de Patrimonio de la Municipalidad de Chillán, con apoyo del CMN y estudios técnicos realizados por la Comisión Chilena de Energía Nuclear. Posteriormente, especialistas del Centro Nacional de Conservación y Restauración confirmaron la existencia de los murales y encabezaron su proceso de despeje.
Paralelamente, en agosto de 2025, el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó la declaratoria de Monumento Histórico Nacional la Casa y Parque de las Esculturas Marta Colvin, conocido como Casa May Colvin, ubicado en el Campus Fernando May de la UBB.
El inmueble, reconstruido en 1952 por el arquitecto Jorge Fuenzalida Cibie, se emplaza en el mismo lugar donde estuvo el hogar original de la escultora Marta Colvin y su esposo Fernando May, quienes se trasladaron a Santiago tras el terremoto de 1939. La casa no solo fue espacio de vida familiar, sino también una fuente de inspiración clave para la obra de la artista, marcada por la fuerza de la cordillera y su profunda relación con la naturaleza.




