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Bachelet, credenciales para liderar el mundo

AFP

Señor Director:

Hay biografías que entran a la sala dando un portazo y otras que se sientan, esperan y terminan ordenando la conversación. La de Michelle Bachelet es de esas. Avanza sin alardes, como una marea que no hace ruido pero siempre vuelve. No deslumbra con frases redondas ni gestos teatrales; convence por algo menos vistoso y más escaso: una coherencia que ha sobrevivido al tiempo, a las crisis y al juicio público. En política global, eso ya es músculo.

La tesis incomoda a quienes confunden liderazgo con volumen: Bachelet tiene credenciales reales para conducir Naciones Unidas. Médica, políglota, marcada por el exilio y la dictadura, aprendió temprano que gobernar no es posar para la foto, sino aguantar el temblor sin soltar el timón. Quien ha pasado por eso suele hablar menos y escuchar más.

Fue ministra de Salud cuando gestionar no daba likes. Luego rompió un muro pesado: Defensa, primera mujer en Chile y América Latina, un territorio donde la autoridad no se declama, se camina. Dos veces Presidenta, enfrentó en 2008 la crisis financiera global con decisiones sobrias, casi antipáticas, pero eficaces: el país no se desplomó cuando otros sí.

Después vino el mundo, sin anestesia. ONU Mujeres primero; en 2018, Alta Comisionada de Derechos Humanos. Sin zonas de confort: informes incómodos y roces con potencias. Respondió como es: datos sobre la mesa, diálogo tenso y firmeza tranquila. Afable, claro. Ingenua, jamás.

Hoy, cuando tantos líderes gritan para tapar el vacío, Bachelet representa la autoridad que se construye lento, como una casa bien hecha. Para dirigir la ONU no basta con querer cambiar el mundo. Hay que saber sostenerlo cuando cruje. Michelle Bachelet, guste o no, ya lo sostuvo.

Ricardo Rodríguez Rivas

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