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“Aún tenemos Patria ciudadanos”

Agencias

Señor Director:

Un cable submarino suena a asunto de ingenieros: gigabytes, nodos, inversión extranjera. Pero, la verdad es que, a veces un cable es un espejo. Y en ese espejo aparece una pregunta incómoda: ¿quién manda aquí? Cuando una potencia decide castigar a autoridades chilenas por atreverse a mirar un proyecto, el debate deja de ser técnico. Se vuelve íntimo. Casi doméstico.

Mi postura es clara: si aceptamos que otro país nos diga qué podemos siquiera evaluar, estamos entregando algo más que un contrato; estamos hipotecando la dignidad. No es una pelea entre China y Estados Unidos. Es, simplemente, Chile mirándose al espejo.

El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció sanciones contra el ministro Juan Carlos Muñoz por estudiar una propuesta para unir Valparaíso con Asia mediante fibra óptica. Estudiar. Conversar. Poner papeles sobre la mesa. Y es que castigar la curiosidad estratégica ya no es diplomacia: es advertencia.

Además, inquieta la reacción local. Quienes aplauden el tirón de orejas o piden “más antecedentes” antes de defender a su propio país olvidan algo elemental: la soberanía no se tuitea, se ejerce. A veces duele. A veces incomoda. Pero se ejerce.

Chile ha sido respetado porque decide con reglas claras y sin arrodillarse. Ceder ante vetos tácitos vengan de Washington o de Beijing nos reduce a ficha en un tablero ajeno. Y nadie vota para ser ficha.

No se trata de elegir patrón. Se trata de no tenerlo. Una República no pide permiso para pensar en voz alta. Evalúa, compara, decide. Y responde a un solo interés: el suyo. Porque si el cable deja de conectarnos con el mundo y empieza a atarnos a él, ya no hablamos de tecnología. Hablamos de servidumbre.

Ricardo Rodríguez Rivas

Magíster en Gobierno y Gestión Pública

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