Con 5.401 hectáreas, Ñuble es una de las regiones con mayor superficie orgánica certificada dedicada a la producción de cultivos. Se trata de una cifra relevante, que se explica por una larga tradición de investigación y producción orgánica en la zona, que no refleja el real peso de este sistema, puesto que existe una enorme cifra fantasma de huertos no certificados, de pequeños agricultores, que por generaciones han empleado prácticas ecológicas y únicamente insumos orgánicos.
La agricultura orgánica, ecológica o biológica, es un sistema integral de producción silvoagropecuaria basado en prácticas de manejo ecológicas.
La agricultura orgánica se caracteriza por ser un sistema de producción sustentable, destacándose por emplear prácticas que preservan la salud de las personas, la salud del suelo y ecosistemas; además, contribuye a la soberanía y seguridad alimentaria del país, aportando con alimentos que protegen la salud de los consumidores, además de proteger el medio ambiente.
Este sistema productivo muestra un creciente desarrollo, tanto en Chile como a nivel mundial.
Es innegable que el mundo está demandando cada vez más productos orgánicos, ya que se reconoce que es una alimentación saludable, que, además, es mucho más sustentable con el medio ambiente, que permite reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, un tema no menor dado que la agricultura también está comprometida a ser carbono neutral al 2050.
En ese sentido, producir orgánico hoy es pensar en el futuro, es cuidar y darle valor a la tierra que recibirán las próximas generaciones, por ello no extraña que cada vez se sumen más consumidores y productores a esta tendencia, que constituye un atractivo elemento diferenciador en el mercado.
En 2025, los principales productos orgánicos exportados por Ñuble fueron: arándanos frescos (US$37,4 millones), con un alza de 21% respecto a 2024; frambuesas congeladas (US$17,8 millones), que crecieron 85%; y los arándanos congelados orgánicos (US$17,0 millones), con un aumento de 62%.
Así, mientras en el Valle del Itata abundan las parras sin agroquímicos y cada vez se elaboran más vinos orgánicos o naturales, que también han encontrado nichos de mercado en el exterior; en Punilla y Diguillín los productores de berries orgánicos apuestan por seguir exportando a los mercados más exigentes, luego del impacto que significaron las restricciones de Estados Unidos para el ingreso de arándanos de Ñuble en la década pasada.
Este sello diferenciador es el que imprimen también los productores agroecológicos de San Nicolás, que se han organizado y lograron que el municipio declarase, años atrás, a San Nicolás como comuna agroecológica.
Si bien hay grandes oportunidades a nivel de producción orgánica, ello también implica desafíos relevantes, pues significa desarrollar, investigar, plantear nuevas estrategias de manejo y certificarse, una de las grandes vallas para los productores de menor tamaño, debido a sus elevados costos. En esa línea, es fundamental el trabajo asociativo y colaborativo entre los más pequeños, lo que permite reducir costos, sumar fuerzas para desarrollar ese conocimiento, abordar la comercialización e incorporar tecnología.


