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Uno de cada cinco desocupados en Ñuble lleva al menos un año buscando trabajo

Mauricio Ulloa

La tasa de desempleo de 11,8% en Ñuble registrada en el trimestre julio-septiembre de 2026 no dejó indiferente a nadie, no solo porque es la mayor del país o porque se trata del registro más alto desde mayo-julio de 2020, sino porque pone en evidencia debilidades estructurales de la economía local y variables críticas de la oferta y demanda laboral en la región, con preocupantes brechas y desajustes.

Desde el Observatorio Laboral de Ñuble (iniciativa de la UBB y la Subsecretaría del Trabajo) sostienen que “la elevada tasa de desocupación responde a distintas tensiones presentes en la población económicamente activa, entre ellas, el tiempo de búsqueda de empleo, la presión contenida sobre el mercado laboral y las brechas de género”.

En materia de búsqueda de empleo, el 44,1% de las personas desocupadas lleva tres meses o menos buscando trabajo, mientras que un 17,9% enfrenta desempleo de largo plazo, es decir, por un año o más. A ello se suma un 18,0% que acumula entre 6 y 11 meses de búsqueda ininterrumpida, lo que evidencia dificultades relevantes para la reinserción laboral, plantearon desde el Observatorio.

“Asimismo, en la región existen 38,3 mil personas fuera de la fuerza laboral, pero potencialmente activas, cifra que aumentó 2,7% en doce meses. Este grupo representa una presión contenida sobre el mercado laboral, considerando que son personas que podrían incorporarse a la búsqueda de empleo. En el caso de los hombres en esta condición, se observa un aumento de 23,9%”, complementaron.

Respecto de las brechas de género, la tasa de desocupación femenina alcanza un 12,8%, frente a un 11,0% en los hombres, en un escenario donde la participación laboral de las mujeres se sitúa en 46,5%. Además, un 24,7% de las mujeres fuera de la fuerza de trabajo no busca empleo debido a labores de cuidado y responsabilidades familiares permanentes, lo que, advirtieron desde el Observatorio, “continúa siendo una barrera relevante para su incorporación al mercado laboral”.

“Fragilidad laboral”

En opinión de Ricardo Salman, empresario de la construcción y presidente de CorÑuble, “el 11,8% es solo la punta del problema laboral”.

El dirigente gremial planteó que “Ñuble enfrenta una situación laboral que exige ser mirada con mayor profundidad que la que entrega una sola cifra. La tasa de desocupación regional alcanzó 11,8%, dos puntos sobre el promedio nacional, lo que significa que 28.622 personas se encontraban desempleadas en nuestra región. Pero el problema no termina allí. Ñuble también presenta menor participación, menor ocupación, mayor informalidad y subutilización de la fuerza de trabajo que el conjunto del país. No se trata de una dificultad aislada ni transitoria, sino de un problema de carácter estructural que refleja una fragilidad más profunda de nuestro mercado laboral”.

En doce meses, Ñuble perdió cerca de 4.800 empleos, una caída de 2,2%, cerca del doble de la contracción nacional. La fuerza de trabajo prácticamente no creció, mientras los desocupados aumentaron 18,4%. “El deterioro no se explica principalmente porque más personas hayan salido a buscar trabajo, sino porque se están destruyendo puestos, lo que agrava aún más el diagnóstico”, expuso Salman.

Agregó que “dos sectores explican una parte importante: agricultura, con una caída de 23,8% en la ocupación, y construcción, con una disminución de 21,6%. El caso de la construcción es especialmente preocupante, porque mientras en Ñuble el empleo del sector cae con fuerza, a nivel nacional aumenta. Existe, por tanto, un componente regional que requiere atención urgente por parte de nuestras autoridades”.

El presidente de CorÑuble remarcó que “las mujeres continúan teniendo mayor desempleo y una participación laboral mucho menor que los hombres. A ello se suma que la sobreeducación —personas que trabajan en ocupaciones que requieren menos calificación que la que poseen— alcanza 17,3% entre las mujeres y 12,9% entre los hombres. Al mismo tiempo, durante 2026 la destrucción reciente de empleo ha golpeado con especial fuerza a los hombres, cuyos ocupados disminuyeron 4,5%”.

Los jóvenes constituyen otro grupo vulnerable. En 2025, la tasa de desempleo de las personas entre 15 y 29 años llegó a 18%, prácticamente el doble del promedio regional de ese período. Y durante 2026 la ocupación de las personas entre 15 y 34 años ha seguido disminuyendo. Según el empresario, “esto ocurre, paradójicamente, en una región donde la mayoría de las contrataciones no exige experiencia previa”.

“Aquí aparece uno de los problemas más profundos -continuó Salman-. La encuesta Enadel muestra que en 2025 el 81,9% de las contrataciones correspondió a ocupaciones elementales y que el 88,8% de los puestos contratados no exigía educación formal. Sin embargo, las empresas que tienen dificultades para contratar señalan como principales problemas la falta de habilidades técnicas y socioemocionales, experiencia y certificaciones. Convivimos, entonces, con trabajadores sobrecalificados para los puestos que ocupan y empresas que no logran encontrar ciertas competencias específicas”.

En ese sentido, aseguró que “esta contradicción revela un desajuste entre formación y empleo. No basta con formar más personas; debemos preguntarnos si nuestra estructura productiva está creando empleos capaces de utilizar ese capital humano. Hoy cerca del 15% de los ocupados de Ñuble trabaja en puestos que requieren una calificación inferior a la que posee. A ello se suman desempleados, subempleados y personas fuera de la fuerza laboral”.

“Por eso, el 11,8% de desempleo es sólo la parte visible del problema. La tasa ampliada de subutilización de la fuerza de trabajo alcanza 24%, frente a 17,9% a nivel nacional. Además, unas 40 mil personas están fuera de la fuerza de trabajo, pero potencialmente disponibles para trabajar”, indicó.

Por tanto, según Salman, “Ñuble enfrenta un problema de cantidad, calidad y adecuación del empleo. Cantidad, porque tenemos menos ocupación y más desempleo que el país. Calidad, porque existe más informalidad, temporalidad y subutilización. Y adecuación, porque una parte importante del capital humano no está siendo aprovechada mientras persisten brechas de competencias requeridas por las empresas”.

“El primer paso es reconocer correctamente la naturaleza del problema. Ñuble necesita más empleo, pero también empleos más estables y productivos, una estructura productiva capaz de generar nuevas oportunidades y un sistema formativo que se adapte con mayor rapidez a las competencias que requieren las empresas y las inversiones que vienen. Sólo articulando educación, empresa e inversión podremos convertir el talento regional en mayor productividad, crecimiento y mejores oportunidades para las familias de Ñuble”, propuso.

“Desencuentro” entre oferta y demanda

Desde la mirada de la gestión de personas y la empleabilidad, el docente de la Escuela de Administración y Negocios (EAN) de la Universidad de Concepción, Marcelo Oliva, quien también es fundador de Staff Consultores, sostuvo que “el desempleo es un fenómeno multidimensional que tiene diversas causas, principalmente económicas, productivas y sociales”, donde apuntó al encuentro o desencuentro entre las personas que buscan trabajo y las organizaciones que necesitan.

“Después de más de 40 meses con tasas altas, no basta con preguntarnos si el desempleo en la región es estructural o estacional, creo sinceramente que estamos ante una nueva realidad laboral que exige respuestas distintas”, sentenció.

Consultado por la destrucción de 4.800 empleos en 12 meses en la región, Oliva indicó que, “primero, se destruye empleo porque al empleador, especialmente la micro y la pequeña empresa, le subió la carga de costos de mantener ese trabajador”. Asimismo, puntualizó que “muchas personas tienen experiencia valiosa, pero no certificada ni traducida al lenguaje que hoy usan las empresas. En mi experiencia local, veo que las empresas valoran cada vez más la comunicación, el trabajo en equipo, la adaptabilidad y el manejo de herramientas digitales. Quienes no las han desarrollado quedan fuera, aun teniendo el oficio”.

Otro factor mencionado por el académico UdeC es que “muchos postulantes buscan empleo como hace diez años, por contactos cercanos o de forma reactiva, cuando hoy los procesos son digitales, filtrados por plataformas y con perfiles muy específicos”. En esa línea, analizó que “en Ñuble, las personas que dejaron de buscar trabajo aumentaron 1,9%. Eso quiere decir, en términos concretos, que quien pasa meses sin empleo pierde confianza, redes y vigencia de sus competencias, y su reinserción se vuelve cada vez más difícil”.

“No estamos frente a más personas buscando trabajo, sino frente a personas que lo perdieron. Y cada trabajador que pierde su empleo necesita algo más que un subsidio, necesita una ruta de reinserción, asesoría”, enfatizó.

“Desde mi trabajo con empresas de distintos sectores, observo variables propias de la gestión de personas que inciden en cuánto y cómo se contrata; las empresas están expectantes, con cautela, es un contexto incierto, y en este sentido, pueden postergar contrataciones, extender periodos de evaluación o prefieren contratos temporales. Contratar se percibe hoy como una decisión de mayor riesgo. Otro factor que veo es que las empresas (y es natural) buscan al candidato ‘listo para producir’ y destinan pocos recursos a formar internamente, dejando fuera a personas con potencial”, manifestó Oliva.

Otro elemento que apuntó el profesional es que “cuando algunos sectores tan importantes como la agroindustria o la construcción se contraen, el primer ajuste suele ser en dotación. En la región, la agricultura perdió 23,8% de sus puestos y la construcción, 21,6%; rubros con muchos trabajadores cuyo perfil no se traslada automáticamente a otras industrias. Y claramente el factor potente de informalidad, que en nuestra región es 6 puntos por sobre el promedio nacional, es decir, es una vía alternativa de trabajo, pero más precaria, y las personas están optando por esa fórmula”.

“Las empresas dicen que no encuentran talento y las personas dicen que no encuentran trabajo. Ese desencuentro es, en buena parte, un problema de gestión de personas: perfiles rígidos, poca formación interna y procesos de selección que dejan fuera a quien podría aprender”, observó Oliva.

¿Nueva normalidad?

“Al parecer, no es estacionalidad, es la realidad”, postuló el académico UdeC. “Lo otro es que el trabajo cambió más rápido que las personas y las organizaciones. Digitalización, automatización y nuevos modelos de negocio transformaron las competencias requeridas, mientras la formación avanzó a un ritmo mucho más lento”, reflexionó.

Por otro lado, Marcelo Oliva esbozó una crítica a la forma en que se está enfrentando el problema a nivel regional. “Actores locales que, aunque hacen esfuerzos importantes, trabajan en carriles separados. Universidades, centros técnicos, OMIL, empresas y sector público tienen buenas iniciativas, pero rara vez coordinadas en torno a metas comunes de empleabilidad”.

“Otro elemento -acotó- es que cuando el empleo depende de pocos rubros, como es nuestro caso, las trayectorias laborales son estrechas y la reconversión se vuelve más difícil. Los esfuerzos públicos, como los subsidios a la contratación, alivian, pero no resuelven el desajuste entre las competencias de las personas y lo que hoy se demanda. Estamos, lamentablemente, muy atrás de cómo va el mundo”.

En una frase, el especialista en gestión de personas resumió: “Ya no basta con preguntarnos si el desempleo en Ñuble es estructural o estacional. Después de más de tres años sobre el 8%, esto es una nueva normalidad, y no podemos seguir enfrentándola con las mismas herramientas de siempre”.

“Debemos acelerar medidas y hacer cosas distintas, saliendo de la caja”, instó Oliva, quien lanzó algunas propuestas: “Una alianza regional de empleabilidad, permanente y con metas, con universidades, empresas, gremios y OMIL en una misma mesa, no para diagnosticar otra vez, sino para comprometer resultados medibles, cuántas personas capacitadas, certificadas y colocadas cada trimestre”.

También propuso “acompañamiento personalizado que combine orientación, actualización de competencias y conexión con vacantes reales, antes de que el desaliento los saque del mercado laboral; programas intensivos de reconversión construidos a partir de vacantes reales, con compromiso empresarial de entrevistar o contratar a quienes egresan; que las empresas contraten por potencial, flexibilizando perfiles y asumiendo parte de la formación dentro de la organización; y compartir talento entre sectores con temporadas distintas, como agricultura, agroindustria, turismo y comercio, para dar continuidad a los trabajadores estacionales que poseen experiencia y talento”.

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