Señor Director:
El apoyo a las empresas pequeñas suele medirse por los beneficios que reciben mientras permanecen dentro de una determinada categoría. La pregunta menos discutida es qué ocurre cuando esa empresa quiere crecer y debe dejar atrás esos beneficios.
Los incentivos tributarios y programas de apoyo pueden ser útiles para facilitar el inicio de una actividad, especialmente cuando existen restricciones de liquidez o acceso al financiamiento. El problema aparece si los beneficios asociados al tamaño generan un costo adicional por crecer o hacen conveniente permanecer bajo ciertos límites.
Una política proempresa debería facilitar que una compañía pueda nacer, crecer y competir, sin convertir su tamaño en una condición que determine permanentemente su tratamiento. El objetivo no debiera ser que existan más empresas pequeñas, sino que las empresas con proyectos viables puedan desarrollarse y alcanzar la escala que permita aumentar productividad, empleo e inversión. En ese sentido, el verdadero incentivo no es permanecer pequeño, sino hacer que crecer sea una decisión económicamente razonable.
Carla Huerta
Abogada tributaria




