Señor Director:
Nadie puede negar que Chile es un país de catástrofes. De acuerdo con esta realidad, la prevención juega un papel sumamente relevante. Lamentablemente, somos reactivos y muy poco preventivos; después de una catástrofe, siempre vienen las críticas de por qué no se hizo esto o aquello. Estos cuestionamientos apuntan en todas direcciones: a las autoridades, a los dirigentes y, en general, a los políticos.
Las juntas de vecinos debieran ser centros de prevención y no lugares de discusión. En las comunidades, la gente suele ser reacia a asistir a las reuniones porque, a menudo, solo sirven para criticar a las autoridades o a quienes no asisten, y también para candidatearse a futuras elecciones.
Mi visión es que una organización comunitaria se transforme en un verdadero centro de prevención; es decir, en un recinto donde la comunidad se prepare para afrontar catástrofes como terremotos, tsunamis, aluviones, tornados u otros eventos destructivos, dependiendo el lugar geográfico donde se encuentren ubicados. Para ello, la sede debe estar dotada de maquinaria y herramientas tales como motobombas, motosierras, mangueras, chuzos, picotas, palas y rastrillos. Los vecinos deben estar capacitados para operar en cualquier momento, con el fin de mitigar los efectos de cualquier emergencia que atente contra la integridad de una vivienda, un bosque o una quebrada. Además, la comunidad podría postular a proyectos para la adquisición de maquinaria pesada, como palas mecánicas o retroexcavadoras.
Héctor Alfonso Mora García



