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Plan Maestro de Aguas Lluvias

Mauricio Ulloa

La licitación de la quinta etapa del Plan Maestro de Aguas Lluvias de Chillán, por cerca de $21 mil millones, permitirá avanzar en una solución que la ciudad esperó durante años y cuyos resultados ya son evidentes. Las obras ejecutadas en las cuatro etapas anteriores han reducido radicalmente las inundaciones que afectaban a distintos sectores cada vez que un sistema frontal dejaba precipitaciones intensas.

Durante décadas, las lluvias de invierno fueron sinónimo de calles anegadas, viviendas inundadas y vecinos pendientes de la evolución del tiempo. Era un problema recurrente que afectaba la calidad de vida y evidenciaba las limitaciones de una ciudad que crecía sin contar con una infraestructura de evacuación de aguas lluvias acorde con sus necesidades. Por eso, la continuidad de este plan representa un avance concreto en seguridad y calidad de vida para sus habitantes.

Las etapas anteriores permitieron construir cerca de 21 kilómetros de infraestructura, con intervenciones en el estero Las Toscas, el ducto Huape y los canales Defensa Norte y Sur. Sus resultados demuestran la importancia de sostener las inversiones públicas durante varios años, incluso cuando sus beneficios no son tan visibles como los de otras obras urbanas. Buena parte de estos sistemas funciona bajo tierra, pero su impacto se aprecia cada vez que una lluvia intensa no termina convirtiendo calles y barrios en zonas inundadas.

La quinta etapa contempla la construcción de 1.874 metros de colector subterráneo de hormigón armado, desde el sector de Diego de Almagro con avenida Vicente Méndez hasta su conexión con el colector Ecuador-Brasil. También considera el mejoramiento de 2,8 kilómetros del Canal Defensa Norte. Son intervenciones necesarias para ampliar la capacidad de evacuación y completar conexiones relevantes de la red.

La licitación abre una nueva fase de un proyecto que no puede seguir postergándose. Chillán y Chillán Viejo han experimentado un crecimiento urbano que exige infraestructura adecuada, especialmente frente a precipitaciones que pueden superar la capacidad de los sistemas existentes. La planificación debe anticiparse a esos escenarios, en lugar de limitarse a responder a las emergencias una vez que se producen.

Por supuesto, las obras no eliminarán todos los riesgos de inundación. La eficacia del sistema también depende de su mantención, de la limpieza periódica de colectores y canales y de evitar la acumulación de basura y sedimentos. A ello se suma la necesidad de que los municipios fiscalicen y planifiquen el crecimiento urbano considerando las condiciones naturales del territorio.

La ejecución de esta etapa también exigirá coordinación entre el Ministerio de Obras Públicas y el municipio para reducir las molestias que provocarán las faenas, particularmente en sectores de alto tránsito como Avenida Ecuador. Informar oportunamente los desvíos, ordenar la circulación y mantener una comunicación permanente con los vecinos será indispensable para que una obra necesaria no genere dificultades evitables.

La experiencia de las etapas anteriores deja una lección clara: invertir en prevención da resultados. Cada inundación que se evita significa menos daños materiales, menores gastos para las familias y menos interrupciones en la vida cotidiana. Por eso, la quinta etapa debe avanzar con celeridad y convertirse en una nueva pieza de una infraestructura que Chillán necesita para seguir creciendo.

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