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Retraso de siembras

Agencias

Un complejo escenario climático enfrentan esta temporada los cultivos anuales de primavera y los cultivos industriales de Ñuble debido a las lluvias persistentes e intensas que han retrasado hasta en un mes las siembras.

Rubros como los trigos y el maíz figuran entre los más expuestos, así como también avena, cebada, raps, achicoria industrial, forrajeras y semilleros.

Las precipitaciones registradas durante el invierno y la primavera, en el contexto de la presencia de El Niño, han generado una condición generalizada de saturación de suelos en gran parte de la región, dificultando tanto las labores de preparación de terreno como el ingreso de maquinaria para siembras, aplicaciones fitosanitarias y fertilizaciones.

Asimismo, el incremento del riesgo sanitario por alta humedad ambiental y menor oportunidad de control ha favorecido la proliferación de enfermedades.

Dado lo anterior, los agricultores anticipan reducciones de rendimientos en siembras efectuadas fuera de las fechas óptimas, además de una severa congestión logística en las cosechas.

En ese contexto, plantearon que la caída en la producción que se prevé, combinada con los mayores costos que han debido enfrentar, tanto en fertilizantes como en electricidad, diésel y servicios, se traducirán en un cierre con números negativos y falta de liquidez.

En el Ministerio de Agricultura, en tanto, reconocen que mientras persistan las restricciones de ingreso a los predios por la saturación del suelo, aumenta el riesgo de disminución de rendimientos, incremento de costos y reducción de superficie sembrada.

Pero el mayor problema, sin duda, es la incertidumbre, pues dada la inestabilidad climática ya no es posible anticipar con certeza cuándo se producirán las necesarias ventanas climáticas para entrar a los predios, lo que impide planificar las aplicaciones oportunas de herbicidas, fungicidas y fertilizantes, y adicionalmente, genera complicaciones logísticas.

Además, persiste el temor a un comportamiento atmosférico más errático, con intensas precipitaciones, fuertes vientos, granizos y heladas durante la primavera.

Esa incertidumbre tampoco permite proyectar los resultados de la temporada, aunque entre los agricultores hay cierto consenso en que serán negativos.

Por otro lado, los fruticultores están expectantes respecto a lo que ocurra con el clima en esta época que es clave para las plantas, ya que eventos intensos podrían afectar severamente los rendimientos.

Si bien desde el gobierno han señalado que están monitoreando permanentemente la situación, de hecho, en agosto el Ministerio de Agricultura declaró emergencia agrícola en las 21 comunas de la región; resulta fundamental la anticipación a lo que ocurrirá el próximo año respecto a los resultados, ya que muchos productores no contarán con la liquidez suficiente para iniciar una nueva temporada.

Resignarse a observar una caída en la superficie sembrada de cultivos estratégicos equivale a renunciar a defender la soberanía alimentaria, una decisión que no puede ser tomada a la ligera o entregada al mercado, particularmente en un contexto donde los conflictos geopolíticos amenazan los canales de suministro de bienes esenciales.

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