Señor Director:
El aluvión ocurrido en Las Condes y las intensas precipitaciones posteriores evidencian que recibir más agua exige prepararnos para los riesgos asociados. Una temporada favorable para embalses y caudales no elimina la exposición de comunidades e infraestructura a fenómenos climáticos extremos.
Los incendios forestales agravan esa vulnerabilidad: la pérdida de vegetación y las alteraciones del suelo pueden reducir la infiltración, aumentar el escurrimiento y facilitar el arrastre de sedimentos. Por ello, las cuencas afectadas por incendios requieren atención antes de nuevas precipitaciones.
También debemos vigilar la nieve acumulada. Las temperaturas elevadas y las lluvias en altura pueden acelerar los deshielos y provocar crecidas, aunque no corresponde atribuir el aluvión a estos factores sin una evaluación técnica.
La respuesta exige monitoreo, mantención de cauces, planificación territorial y protocolos de cierre y evacuación. La información disponible debe traducirse en decisiones oportunas y acciones coordinadas entre autoridades, comunidades y operadores de infraestructura.
Aprovechar una mejor temporada hídrica supone fortalecer el almacenamiento y la recarga de acuíferos donde sea viable, junto con reducir los riesgos para la población. La prevención no puede esperar.
Felipe Martin Cuadrado
Dir. Ejecutivo MAS Recursos Naturales




