Close

Adelantos que no adelantan

Mauricio Ulloa

La reapertura de la avenida Francisco Ramírez, entre las avenidas Argentina y Coihueco, debía representar un alivio para uno de los sectores de mayor flujo vehicular de Chillán. Sin embargo, a pocos días de recuperar el tránsito, las primeras impresiones de los vecinos distan bastante de esa expectativa. Persisten la congestión, los vehículos estacionados en lugares que obstaculizan la circulación y dificultades para peatones, mientras todavía quedan obras pendientes.

Es cierto que el proyecto de mejoramiento de calle Diego Portales-Francisco Ramírez aún no está terminado. Según la Seremi de Vivienda y Urbanismo, registra un 83% de avance y restan la pasarela peatonal junto al puente, algunas pavimentaciones, el sistema de riego definitivo, paraderos, kioscos y elementos paisajísticos, trabajos comprometidos para marzo del próximo año. Por lo tanto, sería prematuro emitir un juicio definitivo sobre una intervención que todavía no concluye.

Pero también sería un error desestimar las señales que está entregando la comunidad. Una de las principales promesas de una obra vial de estas características es mejorar la circulación, y los vecinos consultados sostienen que esa expectativa no se está cumpliendo. Más aún, algunos perciben que las nuevas condiciones incluso reducen el espacio disponible para los vehículos y dificultan el desplazamiento peatonal.

El problema de los estacionamientos indebidos, naturalmente, no puede atribuirse al diseño de la obra. Si los automovilistas ocupan las ciclovías o se estacionan donde está prohibido, corresponde fiscalizar y sancionar. El municipio anunció controles permanentes junto a Carabineros. Una infraestructura nueva no puede funcionar adecuadamente si sus usuarios no respetan las reglas.

Sin embargo, reducir el debate a la conducta de los automovilistas tampoco parece suficiente. Una obra pública debe ser capaz de convivir con la realidad cotidiana del lugar donde se construye. Y allí aparece una preocupación que Chillán ya ha experimentado con la intervención de Diagonal Las Termas.

En ese caso, además de los prolongados retrasos, surgieron críticas por un diseño que, según los vecinos, no dialogaba suficientemente con las características sociales del sector. Espacios de encuentro, mobiliario urbano, platabandas y paisajismo fueron cuestionados por una comunidad con una alta presencia de adultos mayores y por una avenida cuya dinámica terminó siendo distinta de la que originalmente se había proyectado.

Hay una lección común en ambos casos: las ciudades cambian más rápido que los proyectos públicos. Cuando una iniciativa demora años en diseñarse, obtener sus aprobaciones, conseguir financiamiento, licitarse y ejecutarse, existe el riesgo de que la solución concebida para una determinada realidad termine enfrentándose a otra completamente distinta.

Por eso, la discusión sobre Francisco Ramírez no debiera reducirse a si hay o no autos mal estacionados. La pregunta de fondo es si la millonaria inversión conseguirá producir el impacto que justificó su ejecución. Y, especialmente, si las obras que durante años esperan los chillanejos están siendo pensadas a partir de la ciudad real y no solo de modelos elaborados mucho antes de que comiencen los trabajos.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top
Canal Oficial
Código QR del canal de WhatsApp

Únete a nuestro
Canal de WhatsApp

Recibe las noticias de Chillán y la región directo en tu teléfono

Abrir canal