Señor Director:
Las organizaciones adoptaron la inteligencia artificial bajo la lógica de un crédito: el beneficio llega hoy, mientras parte del costo aparece después. Esa deuda puede expresarse como AI brain fry: fatiga mental asociada al uso o supervisión de la IA, con niebla mental, desconcentración y decisiones más lentas.
Una investigación publicada en Harvard Business Review, con 1.488 trabajadores estadounidenses, encontró que el 14% de quienes utilizaban IA declaró haber experimentado este fenómeno. Alta supervisión se asoció con un 14% más de esfuerzo mental, un 12% más de fatiga y un 19% más de sobrecarga informativa. En cambio, cuando la IA reducía tareas repetitivas, el burnout era un 15% menor.
La misma tecnología puede aliviar o intensificar el trabajo según cómo se distribuyan las tareas y responsabilidades. Supervisar la IA también exige atención, criterio y capacidad para detectar errores.
Adoptar IA es una decisión tecnológica; definir qué se automatiza, quién supervisa y quién responde por los errores y el desgaste es una decisión organizacional.
Diego Fernández
Sociólogo Estudios Dinámicas Humanas



