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El “Coto” desmenuza el mal momento del Rojo y apunta a recuperar la tranquilidad

Mauricio Ulloa

La eliminación ante Puerto Montt dejó a Ñublense con un torneo menos y al técnico Juan José Ribera frente a la tarea de recomponer a un equipo que, según reconoció, ha perdido algunas de las principales virtudes que lo sostuvieron durante buena parte de la temporada. El entrenador identificó problemas colectivos, falta de claridad en ataque y un componente emocional que comienza a pesar en el rendimiento.

Ribera apuntó primero a una de las fortalezas que el equipo extravió en los últimos encuentros: la solidez defensiva basada en el funcionamiento conjunto. En su análisis, ejemplificó con la derrota ante Everton y los últimos 30 minutos del duelo de ida frente a Puerto Montt, donde los jugadores quedaron demasiado separados y aparecieron “esfuerzos aislados”.

“Nosotros siempre nos basamos en solidez defensiva o trabajo en conjunto”, explicó. Para el DT, cuando Ñublense logra defender bien, no es responsabilidad exclusiva de la última línea, sino de un equipo que “se junta, todos tienen espacio y se van fortaleciendo en todos los bloques”.

La misma mirada aplicó al déficit ofensivo. Ribera evitó responsabilizar individualmente a los delanteros y sostuvo que la generación de oportunidades depende del funcionamiento colectivo. Sin embargo, reconoció falencias concretas en la definición, el último pase y la forma de atacar por las bandas.

El técnico puso especial énfasis en los centros. Ante Puerto Montt, Ñublense volvió a abusar del juego aéreo pese a que el rival contaba con zagueros de gran estatura. Ribera recordó como ejemplo positivo el centro de Lucas Molina para Calderón, una acción que calificó como más rasante y que respondió a un movimiento trabajado durante la semana.

“No cumplimos el objetivo”

La eliminación, sin embargo, tuvo una explicación más amplia. “No cumplimos el objetivo”, admitió Ribera, quien calificó como “muy malos” los últimos 30 minutos del partido de ida, tramo que terminó condicionando una llave en la que Ñublense quedó obligado a ganar por dos goles en la revancha.

En el Nelson Oyarzún, valoró que su equipo ingresara bien, presionara y redujera las llegadas de Puerto Montt. Pero en el tramo decisivo faltaron ideas para encontrar espacios. “Volcamos mucha gente en el área; a lo mejor faltó ampliar un poco más”, analizó.

El triunfo 1-0 no alcanzó para revertir la serie y dejó al entrenador “dolido” y “sentido”. Aunque destacó la mejoría respecto de actuaciones anteriores, lamentó que el equipo vuelva a quedarse sin una competencia que entregaba una vía hacia un torneo internacional.

Ahora, el desafío será recuperar estabilidad. Ribera planteó que los malos momentos exigen “frialdad, tranquilidad, buena toma de decisión” y, sobre todo, unidad. El antecedente tampoco es menor: recordó que varios integrantes del plantel ya atravesaron el año pasado una caída de rendimiento en un período similar y tuvieron dificultades para retomar el rumbo.

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