La renovación de autoridades en la administración pública regional suele medirse por la rapidez con que los cargos vacantes vuelven a tener un titular. Pero esa lógica, aunque comprensible, puede terminar poniendo el foco en el indicador equivocado. En Ñuble, donde actualmente cinco direcciones regionales están siendo concursadas mediante el sistema de Alta Dirección Pública (ADP), el desafío no debiera ser simplemente llenar casilleros, sino asegurar que quienes los ocupen tengan las capacidades necesarias para conducir servicios estratégicos.
Los concursos en curso muestran que el mecanismo está funcionando, aunque a ritmos distintos. Biodiversidad y Áreas Protegidas recién se encuentra en etapa de postulación; Registro Civil avanzó a evaluación de competencias, con 34 candidatos de 200 iniciales; Senapred tiene 11 postulantes para entrevistas; Serviu mantiene 21 en evaluación directiva y Sernatur llegó a septiembre con 10 candidatos seleccionados para entrevista.
La fotografía, por tanto, no es la de una región paralizada por la falta de titulares. Los servicios siguen operando y las subrogancias permiten mantener la continuidad administrativa. Sin embargo, tampoco sería conveniente normalizar indefinidamente una situación que, por definición, debiera ser transitoria. Una autoridad subrogante puede sostener el funcionamiento cotidiano, pero tiene mayores restricciones para proyectar políticas de largo plazo, tomar decisiones estructurales o comprometer una conducción con horizonte más amplio.
El punto adquiere especial relevancia en el Servicio de Salud Ñuble. Su dirección permanece subrogada desde junio y el cargo ni siquiera figura entre los concursos ADP actualmente en desarrollo. Esto ocurre precisamente cuando la red asistencial enfrenta uno de sus momentos más complejos y trascendentes, con la puesta en marcha del nuevo Hospital Regional. A ello se suma que el Hospital Clínico Herminda Martín también quedó bajo una dirección subrogante.
Dos de las principales conducciones de la salud regional, entonces, permanecen en una situación provisoria. Y aunque sus actuales responsables cuentan con experiencia y conocimiento interno —una ventaja que no debe subestimarse—, resulta razonable preguntarse cuánto tiempo puede extenderse esta fórmula antes de comenzar a afectar la capacidad de planificación estratégica.
Por eso, la discusión no debiera plantearse como una oposición entre rapidez y calidad. Se necesitan ambas. Acelerar artificialmente los concursos puede llevar a malas decisiones, pero convertir los procesos en trámites excesivamente prolongados también tiene costos para la gestión pública.
Ñuble necesita autoridades titulares, pero sobre todo necesita buenos directivos. Personas con experiencia, liderazgo, conocimiento técnico y capacidad para responder a los desafíos concretos de la región. La ADP existe precisamente para evitar que los cambios de administración transformen los servicios públicos en espacios de improvisación política.



