Señor Director:
La resistencia a la insulina es una condición que avanza silenciosamente en nuestra sociedad y que hoy representa uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 y otras enfermedades crónicas. Aunque muchas personas desconocen su existencia, sus efectos pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida y en la salud pública.
Su creciente prevalencia está estrechamente relacionada con los cambios que hemos experimentado en nuestros estilos de vida durante las últimas décadas. Dietas con exceso de calorías, alimentos ultraprocesados, sedentarismo, jornadas laborales extensas, altos niveles de estrés y déficit de sueño conforman un escenario que favorece el desarrollo de alteraciones metabólicas. A ello se suman factores genéticos que pueden aumentar la susceptibilidad de algunas personas.
Uno de los aspectos más preocupantes es que la resistencia a la insulina suele desarrollarse sin síntomas evidentes. Sin embargo, existen señales que no debemos ignorar, como el aumento del perímetro abdominal, la aparición de manchas oscuras en cuello o axilas y ciertos cambios en los perfiles metabólicos detectados mediante exámenes de laboratorio. Por eso, los controles preventivos adquieren una relevancia fundamental, especialmente en personas con antecedentes familiares, sobrepeso u otros factores de riesgo.
La buena noticia es que la resistencia a la insulina puede prevenirse e incluso revertirse en muchos casos cuando se detecta tempranamente. Como sociedad debemos avanzar hacia una cultura preventiva, donde la detección precoz y los hábitos saludables sean herramientas clave para enfrentar una condición que, aunque silenciosa, está afectando cada vez a más chilenos.
Alejandra Ponce
Académica Tecnología Médica- UNAB




