Los sistemas frontales que durante este invierno golpearon con fuerza a Ñuble dejaron una larga lista de daños, interrupciones y dificultades que todavía obligan a las autoridades a mantener esfuerzos de recuperación. Caminos afectados, conectividad comprometida, infraestructura dañada y familias que debieron enfrentar los efectos de las intensas precipitaciones forman parte del balance de una temporada particularmente exigente. Sin embargo, estos mismos eventos meteorológicos dejaron también una consecuencia positiva: una importante acumulación de nieve en la cordillera, que permite mirar con mayor tranquilidad la disponibilidad de agua para los próximos meses.
La reciente medición realizada por profesionales de la Dirección General de Aguas (DGA) en las estaciones nivométricas Volcán Chillán y glaciológica Nevados de Chillán entregó una señal alentadora. A más de 2.100 metros de altura, el manto nival alcanza actualmente 1,80 metros, una acumulación que permite anticipar un positivo proceso de deshielo durante la temporada estival. Se trata de una noticia especialmente relevante para una región donde el agua es un factor determinante para la actividad agrícola, el consumo de las personas y el desarrollo económico.
La nieve cordillerana constituye una reserva natural de agua. Su acumulación durante el invierno permite que, con el aumento de las temperaturas en primavera y verano, el proceso de deshielo contribuya a alimentar ríos, esteros y sistemas de abastecimiento. Por eso, medir cuánto manto nival existe, conocer su densidad y determinar su equivalente en agua es una herramienta fundamental para planificar el futuro inmediato de la región.
La DGA, mediante las denominadas rutas de nieve, entre junio y agosto desarrollaron 11 operativos para medir el espesor y la densidad del manto nival, información que servirá de base para el Pronóstico de Caudales de Deshielo que será entregado a fines de septiembre. La existencia de estaciones de monitoreo y de profesionales que concurren a terreno permite transformar la nieve acumulada en información útil para tomar decisiones.
También es relevante que este trabajo combine mediciones directas con tecnología avanzada. Sensores de altura de nieve, temperatura y humedad, más sistemas de transmisión satelital, permiten obtener información cada vez más precisa sobre lo que ocurre en la alta montaña. En un escenario marcado por la variabilidad climática y la ocurrencia de eventos meteorológicos extremos, contar con datos confiables resulta indispensable.
La buena noticia no es solamente que haya mucha nieve en la cordillera. Es que existe capacidad para medirla, monitorearla y convertir esa información en una proyección sobre la disponibilidad futura del recurso hídrico. Y esa tarea adquiere especial valor en una región que durante los últimos años ha debido convivir con períodos de déficit de precipitaciones, sequías y una creciente incertidumbre respecto del comportamiento del clima.



