Señor Director:
Las recientes precipitaciones vuelven a evidenciar la paradoja hídrica de Chile: tras años de severa escasez, nos vemos intempestivamente enfrentados a la gestión de caudales críticos, vertimientos y riesgos de inundación. El embalse Colbún, al límite de su capacidad, da cuenta de esta nueva dinámica climática.
La clave reside en avanzar decididamente hacia una infraestructura hídrica flexible, multipropósito e integrada. Solo así podremos transformar los superávits en resiliencia: recuperando reservas subterráneas, mitigando crecidas y asegurando el abastecimiento para consumo humano, riego y generación hidroeléctrica en ciclos secos.
Este reto exige “reoperar” la infraestructura existente en estrecha articulación con redes de canales, obras de infiltración y recarga gestionada de acuíferos. Frente a la variabilidad extrema, la seguridad hídrica demanda gestionar tanto la carencia como la abundancia. Articular soluciones efectivas con visión de cuenca, datos rigurosos y planificación estratégica es hoy el desafío prioritario.
Pablo T. Silva Jordán
Especialista en Recursos Hídricos




