Antes de convertirse en poeta, investigador, académico y uno de los principales estudiosos de la cultura tradicional chilena, Fidel Sepúlveda Llanos conoció el mundo desde San José, un pequeño caserío rural cercano a Cobquecura. Allí nació el 20 de noviembre de 1936 y transcurrieron sus primeros años, rodeado por un paisaje y unas formas de vida que permanecerían ligadas a su obra. La oralidad, las tradiciones campesinas, la religiosidad popular y la relación de las comunidades con su territorio ñublensino no serían para él simples materias de estudio. Formaban parte de una experiencia que lo acompañó incluso cuando su trayectoria lo condujo hacia la academia.
Este año se conmemoran los 90 de su nacimiento y, el próximo 27 de septiembre, se cumplirán dos décadas de su muerte. En ese contexto, Ediciones UC anunció el inicio de una serie especial destinada a compartir material inédito de su archivo personal, con el propósito de redescubrir su pensamiento, su obra y su mirada sobre la identidad de Chile.
La iniciativa vuelve a situar en el espacio público el legado de un intelectual que transitó entre la poesía, la investigación, la docencia y la gestión académica, pero que nunca perdió su conexión con el territorio donde comenzó su historia.Para Ñuble, la conmemoración posee una re sonancia particular. Sepúlveda no solo nació en Cobquecura. Su experiencia en el campo fue el punto de partida de una reflexión que más tarde llevaría las expresiones tradicionales y populares a un lugar relevante dentro del pensamiento académico chileno.
De San José a Chillán
A los 10 años, Fidel Sepúlveda dejó San José y se trasladó junto con su madre a Chillán, donde ingresó al Seminario Franciscano. Durante su educación secundaria conoció el humanismo clásico y la figura de San Francisco de Asís, cuya influencia espiritual se proyectaría posteriormente sobre su vida y su creación poética.
Más tarde en Santiago cursó paralelamente Derecho en la Universidad de Chile y Pedagogía en Castellano en la Pontificia Universidad Católica. Su formación continuó en España, donde obtuvo el grado de doctor en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid.
Su tesis, posteriormente publicada como “Hispanoamérica en diez novelas”, recibió la calificación sobresaliente cum laude y obtuvo el Premio Internacional del Instituto de Cooperación Iberoamericano a la mejor tesis doctoral de 1980.
A fines de la década de 1960, Sepúlveda se incorporó al Centro de Investigaciones Estéticas de la Universidad Católica, convocado por su fundador, el sacerdote dominico Raimundo Kupareo.
Fue uno de los artífices del actual Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica, unidad que dirigió durante dos periodos: entre 1971 y 1977 y, posteriormente, desde 1993 hasta 2002. También estuvo al frente de la revista académica Aisthesis entre 1983 y 2003, convirtiéndola en un espacio relevante para la reflexión sobre el arte, el folclor y la identidad latinoamericana.
Desde la universidad impulsó una extensa labor de investigación, rescate y difusión del patrimonio cultural inmaterial. Estudió la literatura oral, el romancero, las adivinanzas, los cuentos populares, la artesanía, las fiestas tradicionales y el canto a lo poeta, tanto en su vertiente humana como divina.
Su obra poética comenzó con “Geografías”, publicado en 1974, y continuó con títulos como “A lo humano y a lo divino”, de 1990; “América, un viaje a la esperanza”, de 1995; y “Voz clamante en el desierto”, aparecido en 2006.
También dedicó investigaciones a Gabriela Mistral, Violeta Parra, Nicanor Parra, Roberto Parra y Octavio Paz, entre otros autores. En 1990, la Academia Chilena de la Lengua distinguió “A lo humano y a lo divino” como la mejor creación literaria del año y, en 1998, Sepúlveda fue incorporado como miembro de número de la institución.
Fidel Sepúlveda falleció en Santiago el 27 de septiembre de 2006. Sus restos descansan en Cobquecura, la tierra que marcó su infancia, su poesía y buena parte de su pensamiento. Ese mismo año, la entonces Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos creó el Premio Fidel Sepúlveda Llanos, destinado a reconocer a personas y colectivos dedicados a investigar, rescatar, poner en valor y difundir el patrimonio cultural inmaterial de Chile.
Ahora, la decisión de Ediciones UC de abrir y compartir materiales inéditos de su archivo personal permitirá acceder a nuevas dimensiones de su producción y revisar sus planteamientos desde el presente.
Desde San José de Cobquecura hasta las aulas de la Universidad Católica, Fidel Sepúlveda recorrió ese camino sin abandonar nunca su punto de partida. Dos décadas después de su muerte, su archivo comienza a abrirse para iniciar un recorrido inverso: regresar desde la academia hacia el país cuya identidad intentó comprender.




