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Arbolado urbano

Mauricio Ulloa

El debate generado por la poda de árboles en la Plaza de Armas de Chillán vuelve a poner sobre la mesa un recurrente debate ciudadano: el valor del arbolado urbano. En una ciudad que enfrenta altas temperaturas durante el verano, episodios de contaminación atmosférica en invierno y un creciente déficit de espacios verdes en distintos sectores, cada árbol cumple una función que va mucho más allá de lo ornamental.

Es comprensible la inquietud expresada por vecinos y concejales ante la pérdida de una parte importante de la masa vegetal de la principal plaza de la ciudad. Los árboles añosos de este espacio público forman parte del paisaje urbano y de la identidad de Chillán, pero además proporcionan sombra, contribuyen a regular la temperatura, capturan contaminantes y hacen más amable la experiencia de quienes transitan o permanecen allí. Recuperar esa masa vegetal debe ser un objetivo permanente.

Sin embargo, también es necesario evitar que una legítima preocupación ambiental termine desconociendo una realidad igualmente importante: los árboles urbanos requieren manejo, evaluación y, cuando corresponde, intervención. No todos los ejemplares tienen la misma condición sanitaria ni estructural, y conservar un árbol enfermo o debilitado a cualquier costo no necesariamente constituye una política responsable de áreas verdes.

En este caso, la Municipalidad ha explicado que las intervenciones realizadas responden a diagnósticos fitosanitarios efectuados en 2012 y 2021, además de evaluaciones más recientes que detectaron problemas en 14 olmos, asociados, entre otros factores, a la presencia de la denominada “Vaquita del Olmo”. Según los antecedentes entregados, algunos ejemplares presentaban un deterioro que hacía necesario reducir el peso de sus ramas para disminuir el riesgo de desprendimientos y accidentes.

Esa dimensión de seguridad no puede ser minimizada. La Plaza de Armas es uno de los espacios públicos más concurridos de Chillán y un árbol que pierde estabilidad puede convertirse en un peligro para peatones, niños, adultos mayores y quienes utilizan diariamente este lugar. La mantención preventiva, aunque en ocasiones resulte visualmente poco atractiva, forma parte precisamente de la responsabilidad de administrar adecuadamente un espacio público.

El desafío, entonces, no debiera plantearse como una disyuntiva entre conservar los árboles o proteger a las personas. Ambas cosas son posibles y, de hecho, ambas son necesarias. Lo que corresponde es contar con una política de arbolado urbano que permita diagnosticar, intervenir, reemplazar y aumentar progresivamente la masa vegetal de la ciudad.

Por ello resulta pertinente que el municipio entregue con claridad el informe técnico comprometido ante el Concejo Municipal, identificando las especies intervenidas, su condición sanitaria, las razones de cada poda y, especialmente, qué ocurrirá con aquellos ejemplares que deban ser retirados definitivamente. La ciudadanía tiene derecho a conocer esos antecedentes y a saber cuál es el plan para mantener y fortalecer el patrimonio vegetal de la plaza.

Una ciudad que aspira a ser más habitable necesita más árboles, pero también árboles sanos y seguros. Cuidar los que tenemos y plantar los que faltan no son objetivos contrapuestos. Y en una plaza tan emblemática como la de Chillán, esa responsabilidad debiera traducirse en preservar su patrimonio vegetal, reemplazar responsablemente los ejemplares que ya no pueden mantenerse y, sobre todo, asegurar que las futuras generaciones reciban una ciudad con más sombra, más verde y mejores espacios para encontrarse.

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