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El costo del espectáculo político

 

Señor Director:

Durante los últimos días, las chilenas y chilenos hemos sido testigos de una seguidilla de enfrentamientos entre autoridades de distintos niveles del Estado. Alcaldes, delegados presidenciales, gobernadores regionales, diputados, senadores y concejales parecen más preocupados de instalar polémicas que de responder a las necesidades de la ciudadanía.

El debate democrático exige diferencias, pero también altura de miras. Hoy, lamentablemente, la confrontación se ha transformado en una estrategia para obtener titulares, minutos en televisión y visibilidad en redes sociales. La polémica vende, el morbo genera audiencia y el algoritmo premia el conflicto. Sin embargo, gobernar no consiste en acumular reproducciones, sino en construir soluciones.

Cabe preguntarse dónde quedó el sentido común, la prudencia y la dignidad que exige el ejercicio de la función pública. Quienes ocupan cargos de representación o de confianza no fueron elegidos ni designados para protagonizar disputas personales, sino para administrar los recursos del Estado con responsabilidad, impulsar acuerdos y trabajar por el bienestar de las personas.

La ciudadanía espera liderazgo, no espectáculo; soluciones, no egos. La política recuperará legitimidad cuando quienes ejercen el poder comprendan que el verdadero reconocimiento no proviene de una polémica viral, sino de la capacidad de servir al país con responsabilidad, respeto y sentido de Estado.

Rodrigo Durán Guzmán

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