En la más reciente encuesta nacional de empleo, del INE, correspondiente al trimestre abril-junio de 2026, Ñuble no solo exhibió la tasa de desempleo más alta del país, sino que también lideró el empleo informal a nivel nacional, con una tasa de 36,6%, que es, además, la más elevada en la región de los últimos 26 meses.
Pese a que Ñuble suele ocupar las peores posiciones en materia de empleo, guarismos que se agudizan en invierno por factores estacionales, no dejó de llamar la atención que en esta ocasión la tasa de ocupación informal experimentara un crecimiento interanual de 3,7 puntos, lo que sugiere un deterioro de las condiciones del mercado laboral, que, según los analistas, de no ser por el empleo informal, registraría niveles de desocupación muchos más elevados.
De esta forma, el INE estimó que en la región hay 80.041 personas trabajando en la informalidad, un 11,4% más elevado que en igual trimestre de 2025.
Los ocupados informales son quienes trabajan de forma dependiente, pero sin acceso a seguridad social (salud y AFP) por su vínculo laboral. También lo son aquellas que trabajan de manera independiente en una empresa, negocio o actividad que pertenece al sector informal. Los familiares no remunerados del hogar también se consideran personas ocupadas informales.
En el aumento de los informales influyeron los hombres (10,9%) y las mujeres (12,0%).
La tasa de ocupación informal más alta se observó en el tramo de 55 y más años (46,6%), registrando crecimiento de 2,7 puntos porcentuales al comparar con igual trimestre del año anterior. En segundo lugar, se ubicó el tramo de 15-34 años (34,5%), cuya tasa consignó variación interanual de 3,6 puntos. Por otro lado, la tasa de ocupación informal más baja se consignó en el segmento de 35-54 años (32,4%), registrando una variación anual de 4,5 puntos.
Estructura productiva
En opinión de Bernardo Vásquez, director del Observatorio Laboral de Ñuble, de la Subsecretaría del Trabajo, “la alta informalidad de la región responde principalmente a factores estructurales y no solo a la estacionalidad agrícola. De hecho, incluso al excluir el sector silvoagropecuario, la informalidad regional continúa en niveles elevados”. Según el INE, la tasa se ubicaría en 34,4%.
“Entre los principales factores está la estructura productiva de Ñuble, con una importante presencia de microempresas, trabajo por cuenta propia y actividades de menor productividad, especialmente en comercio y servicios. A esto se suma una limitada capacidad del mercado laboral regional para generar suficientes empleos formales y de calidad. Cuando esas oportunidades son escasas, una parte de la población termina recurriendo al trabajo independiente o aceptando empleos sin contrato, cotizaciones o suficiente estabilidad como una forma de generar ingresos”, profundizó Vásquez, quien también es académico de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad del Bío-Bío.
El profesional sostuvo que “también existen actividades caracterizadas por una mayor temporalidad o discontinuidad laboral, como agricultura, construcción y determinados servicios, lo que puede aumentar la exposición de los trabajadores a situaciones de informalidad”.
Subrayó que “la informalidad no afecta a todos por igual. Entre los grupos más expuestos se encuentran las personas mayores de 55 años, los jóvenes, las mujeres, quienes trabajan jornadas parciales, los trabajadores por cuenta propia, el personal de servicio doméstico y los asalariados sin cotizaciones”.
El director del Observatorio Laboral explicó que “las razones son diferentes. En los jóvenes influyen la falta de experiencia y las dificultades para acceder al primer empleo formal; en las personas mayores, las barreras para mantenerse o reinsertarse laboralmente; y en las mujeres, además, tienen importancia las responsabilidades de cuidado, que muchas veces las llevan a buscar empleos con mayor flexibilidad. En todos estos grupos, la dificultad para acceder a un empleo formal y estable aumenta la probabilidad de aceptar ocupaciones con menor protección social”.
“Alternativa racional”
Por su parte, el experto en gestión de personas, Marcelo Oliva, académico de la Escuela de Administración y Negocios de la Universidad de Concepción y director de proyectos de Staff Consultores, analizó:“veo esto como una cadena de factores que se fueron acumulando en los últimos años. Parte importante del problema está en la estructura productiva misma de la región. Ñuble se sostiene en microempresas y pymes agrícolas-forestales, agroindustriales y de comercio que, en general, no cuentan con una función de gestión de personas propiamente tal, sin procesos de reclutamiento, formación ni desarrollo de carrera, y con una capacidad administrativa limitada para sostener un contrato formal en el tiempo”.
Agregó que “sobre esa base ya frágil llegó, casi en paralelo, un paquete de cambios regulatorios con la ley de 40 horas, el aumento del sueldo mínimo y la Ley Karin, entre otras, cada una con un objetivo legítimo, pero que juntas y en un plazo tan corto subieron de golpe el costo de contratar y de mantener a alguien contratado. Para una empresa grande ese ajuste se absorbe, pero para una pyme sin espalda financiera ni áreas de apoyo que la acompañen, se traduce derechamente en menos contratación formal. Ese mayor costo golpea con más fuerza porque coincide con años de productividad regional estancada, es decir, las empresas están pagando más por contratar sin que eso venga acompañado de un aumento equivalente en lo que cada trabajador aporta, lo que hace todavía menos atractivo formalizar”.
Oliva planteó que, “a esto se suma un cambio cultural que veo constantemente al revisar currículos y que casi no se conversa en el debate público: El colaborador de hoy posee un umbral de tolerancia al conflicto cada vez más bajo y una sensibilidad más alta frente a cualquier fricción del entorno laboral, y eso se refleja en trayectorias cada vez más cortas, dos meses, máximo un año o varios empleos en poco tiempo, algo que antes era una señal de alerta en un CV hoy es casi la norma. Esa rotación corta la experiencia acumulada en el trabajo, porque el aprendizaje de una persona en un puesto se interrumpe antes de consolidarse, y las empresas dejan de invertir en formar a alguien que probablemente se irá pronto, lo que retroalimenta el mismo problema de productividad”.
“En todo este esquema -continuó el experto-, el trabajo por cuenta propia se está volviendo una alternativa real frente a un empleo dependiente que ofrece poco desarrollo (débil experiencia empleado), jefaturas rígidas y un sueldo mínimo que, pese a subir, no siempre compensa el esfuerzo ni la exigencia de los cargos. Me parece que hay algo de naturaleza humana en preferir la autonomía, pero acá se combina con una oferta formal que compite mal en calidad, no solo en sueldo”.
El académico UdeC advirtió, asimismo, que “otro factor que influye es la irrupción de la tecnología y la inteligencia artificial en la operación, que va reemplazando puestos de entrada y en segmentos donde más se concentra la informalidad, reduciendo aún más las plazas disponibles. Esto es un desafío que requiere reconversión de la fuerza laboral, algo de lo que se habla poco o nada”.
En opinión de Marcelo Oliva, “ninguno de estos factores explica el 36,6% por sí solo, pero todos empujan en la misma dirección al mismo tiempo. El resultado es que la informalidad dejó de ser solo un problema de falta de oportunidades y se convirtió también en una salida racional, tanto para empresas que no pueden sostener el costo regulatorio como para personas que ya no encuentran sentido en permanecer en un empleo dependiente poco atractivo”.
Incentivos y desincentivos
El economista Renato Segura, profesor de la Universidad Federico Santa María, manifestó que “uno de los factores (no es el único) es la falta de actitud, coherencia y oportunidad de las políticas públicas. Habían fijado el 30 de junio como plazo para que los beneficiarios del Estado en el ámbito comercial hicieran su iniciación de actividades, pero se prorrogó para diciembre. Con ese tipo de señales, los esfuerzos para la formalización de los emprendedores se hacen más complejos”.
“El segundo factor -continuó Segura-, tiene que ver con la debilidad del mercado laboral. Había expectativas que mejorarían las condiciones para aumentar la empleabilidad, algo que no ocurrió. Frente a esto, se mantiene el comercio informal y para ciertos puestos de trabajo, algunas empresas no logran captar trabajadores en el mercado laboral formal quedando obligados a recurrir al mercado informal”.
Frente a este escenario, el economista planteó que “el Estado debe subir el costo de la informalidad, mediante incentivos para quienes realizan una actividad comercial, dando plazos razonables para simplificar el tema tributario, e incentivos para que, quienes encuentren trabajo en el mercado formal, no pierdan los beneficios sociales durante un lapso razonable (un año como mínimo). Simultáneamente, aplicar sin más dilaciones la ley que restringe la entrega de subsidios a quienes ejerzan una actividad económica informal”.




