Señor Director:
La izquierda, en todos sus matices, declara su odiosidad hacia la gran empresa y una cierta simpatía por las Pequeñas y Medianas Empresas. Paradojal dicotomía que tolera la iniciativa privada mientras no resulte exitosa y pase de mediana a grande.
¿Por qué razón el éxito merece condena? Es obvio que quien instala un negocio lo hace pensando en crecer, situación que lejos de merecer reproche, debería aplaudirse, porque el éxito de un negocio depende de su manejo inteligente, ahorro, disciplina, relaciones con el mercado.
La experiencia mundial muestra a muchas grandes empresas comenzando siendo muy pequeñas, aquí mismo en Chile tenemos el caso de dos grandes que comenzaron sus negocios en sus casas y que llegaron a convertirse, no solo en grandes en el mercado chileno, también fueron capaces de instalarse con éxito en varios países de América Latina, donde se les admira por sus logros, y se reciben sus inversiones con valoración pública y privada.
El Frente Amplio acaba de declarar su vocación socialista, noticia que a esta altura resulta tan novedosa como casarse con la abuela. Un partido que anunció renovar la política declara su simpatía por un modelo fracasado en todo el mundo. Junto con esta curiosa declaración, proclamó su amor a las Pymes y reiteró su odiosidad a las grandes empresas, olvidando que son estas las que con sus impuestos financian el gasto público y que generan los trabajos mejor remunerados, obras sociales y capacitación laboral.
Las Pymes recibieron nueva advertencia: mientras sean chicas están bien, si les va bien, estarán mal.
Alejandro Witker
Historiador




