Señor Director:
Hay sectores de Chillán, como el Paseo Las Palmas o el Terminal La Merced, que generan conversaciones incómodas. Y es que cambió la forma en que habitamos nuestros espacios. Antes caminábamos distraídos; hoy caminamos atentos. Ya no miramos vitrinas, miramos quién viene detrás. La inseguridad no solo roba bienes: también roba tranquilidad y libertad.
Sería un error creer que todo se resuelve con más policías, cámaras o penas más altas. Son herramientas necesarias, pero insuficientes si no abordamos una dimensión más profunda: la cultural. Hace tiempo convivimos con“ tiktok”o géneros musicales que glorifican el dinero fácil, el lujo sin esfuerzo y al que “se las sabe todas”. Ahí el éxito se mide por lo que se exhibe, no por cómo se consiguió. El trabajo honesto pierde prestigio y aceptamos que ciertas calles y sectores son como junglas dominadas por ciertos personajes llenos de antivalores que lamentablemente hemos normalizado.
La nostalgia de las generaciones mayores refleja ese cambio. Hace 30 años pocos imaginaban almacenes tras rejas o personas subiendo a una micro sin pagar como si fuera normal.
Recuperar la seguridad exige un Estado firme y una justicia eficaz, pero también volver a valorar la honestidad, el esfuerzo y el respeto. Porque las sociedades no solo se ordenan con leyes: también con los ejemplos que premian y las conductas que deciden dejar de aplaudir.
Jesús Aguilera




