Durante un mes, el buque científico alemán METEOR —en una de las que serán sus últimas travesías— navegó por las aguas del sur de Chile recolectando muestras de agua y sedimento marino, con el objetivo de investigar la huella ecológica y oceanográfica de la floración de algas nocivas (FAN) que afectó al océano Pacífico en 2016. Esta cobró notoriedad mundial tras provocar la muerte de toneladas de salmones y la contaminación masiva de moluscos con veneno paralizante de mariscos, así como una prolongada prohibición de extraer recursos marinos.
Comúnmente llamado “marea roja”, este tipo de evento extremo se caracteriza por tener consecuencias importantes en la salud pública, el ecosistema marino y la actividad pesquera, especialmente en comunidades donde la última ocupa un lugar protagónico en su economía y cultura. La expedición contó con investigadores de centros científicos chilenos y alemanes, combinando experticia internacional de excelencia a bordo.
A fin de obtener una imagen integral de las aguas marinas comprendidas entre Magallanes y el Biobío, consideraron el estudio de las toxinas producidas por microalgas (ficotoxinas), la identificación de fitoplancton, la caracterización de materia orgánica y las características oceanográficas del ecosistema estudiado. Esto permitirá comprender las redes microbianas marinas a lo largo del área oceánica estudiada, su conexión con los sistemas de fiordos costeros y cómo impactan a las especies de FAN que habitan dichos ecosistemas. Asimismo, pretenden determinar si estos eventos extremos son influenciados por condiciones locales o externas, la distribución geográfica de las principales especies de FAN y, posiblemente, detectar toxinas desconocidas. Todo con miras a explicar mejor la aparición de dichas floraciones y modelar posibles episodios futuros.
Una travesía interdisciplinaria con sorpresas
El proyecto fue propuesto y liderado por Bernd Krock, reconocido especialista en ficotoxinas del Alfred Wegener Institut (AWI) de Bremerhaven y colaborador del Centro de Investigación Oceanográfica COPAS Coastal de la Universidad de Concepción. Según cuenta, la expedición enfrentó un problema muy específico: a lo largo del trayecto, no avistaron floraciones de algas nocivas en curso. Sin embargo, esto mismo permitió estudiar las distintas especies presentes de forma mucho más clara, ya que, normalmente, un evento FAN implica que una se sobreponga a las demás.
“En las muestras de agua pudimos ver que hay una diversidad bastante grande de especies nocivas, incluso encontramos unas que antes no habían sido reportadas para el área de la Patagonia, así que ya sabemos que tenemos datos muy novedosos”, afirmó el jefe científico, quien suma décadas trabajando en diversos proyectos con investigadores chilenos y, en esta oportunidad, colaboró con el Centro i~mar, el Centro de Investigación de Ecosistemas de la Patagonia (CIEP), el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y el Centro COPAS, entre otros.
El académico de la Universidad de Los Lagos e investigador asociado de COPAS Coastal, Iván Pérez-Santos, fue el representante nacional a lo largo de la expedición y trabajó personalmente en la caracterización física de las aguas estudiadas. Valga decir, registrando variables como temperatura, conductividad y presión, pero, sobre todo, turbulencia. Según cuenta, este último factor podría estar en estrecha relación con la activación de quistes de microalgas tóxicas —un estado de latencia en el que entran ante la escasez de nutrientes— y, por ende, con eventos FAN.
“Desde la biología, están buscando lugares con bancos de quistes, y desde la oceanografía física, nosotros buscamos si hay alta turbulencia o no en dichos lugares. Si las dos condiciones coinciden, podría ser un área crítica o un área a la que debemos prestar atención”, explicó el investigador, al consultarle si este aspecto del estudio podría ayudar, eventualmente, a determinar qué factores activan los quistes de microalgas.
“Ahí se une otra vez el significado de esta investigación integral”, agregó, aludiendo al carácter interdisciplinario del equipo a bordo.
En cuanto a los quistes, Patricio Díaz, del Centro i~mar, aclaró que hasta el momento “lo que tenemos son muestras de sedimentos”. A la fecha, Chile no se caracteriza por formar grandes bancos de ellos, sin embargo, sí existen registros de quistes en cantidades menores. Una realidad que se contrapone a la alta incidencia e intensidad de floraciones algales nocivas en aguas nacionales.
“La hipótesis es que la germinación de quistes se da en baja densidad y en forma aislada, y luego son las condiciones de circulación que generan estas floraciones tan intensas en nuestra zona, principalmente en Patagonia Norte”, explicó.
Por otra parte, no menos relevante, Díaz se encargó de estudiar el fitoplancton junto a su equipo, recogiendo muestras de agua para identificar todas las especies de microalgas presentes y su densidad. Lo interesante de esto es que no abarcaría sólo aquellas que producen ficotoxinas, sino que también las de naturaleza inocua.
“Vamos a estudiar la comunidad fitoplanctónica completa porque, si encontramos una especie tóxica, también nos interesa saber: ¿en qué proporción se encuentra respecto a la comunidad fitoplanctónica total? (…) El impacto que generan las microalgas tóxicas está en función de esa proporción”, explicó, señalando que, por ejemplo, si dichas especies tienen baja concentración respecto a otras diatomeas que no dañan al organismo, se produce un efecto de dilución.



