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Cuando caminar es un riesgo

Mauricio Ulloa

Señor Director:

Es innegable cómo nuestra querida ciudad de Chillán ha avanzado en diversos aspectos durante los últimos años. Se ha incorporado tecnología y estándares modernos con el fin de proyectarnos como una urbe más inteligente y preparada para los desafíos actuales. Por cierto, las críticas y comentarios siempre existirán, pero deben entenderse como una oportunidad para que nuestras autoridades tomen decisiones más eficientes y conectadas con la realidad local. Dentro de este contexto, resulta alarmante la situación que viven a diario los vecinos y peatones de la céntrica calle Sargento Aldea, en el tramo comprendido entre Arturo Prat y Constitución. Un sector acotado a tres cuadras que la propia comunidad ha llegado a bautizar irónicamente como “el pantanillo”. Basta con recorrer la zona para constatar la presencia de lodazales, acumulaciones de barro y un evidente desorden o anarquía vehicular para estacionar; una estampa contradictoria e insólita para un espacio donde, además, se cobra parquímetro.

En la misma línea, causa asombro el estado de la calle Lord Cochrane. Calle que nace por la Avda Collin , al ladito de Fonasa, Un tramo de dos cuadras que parece detenido en el tiempo: sin veredas, dominado por el barro y donde los mismos vecinos han debido pegar afiches para visibilizar el abandono en que se encuentran. Si bien la lista de sectores con deficiencias podría ser más amplia, he preferido enfocarme en estos tramos específicos por el alto flujo de personas que los transitan: familias, trabajadores y, muy especialmente, vecinos del mundo rural que llegan al terminal María Teresa, a Fonasa para realizar trámites médicos, bancarios o compras en el centro. Ellos merecen una ciudad digna, caminable y coherente con el discurso de modernización que tanto promulgamos.

Marcelo Lara

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