Empleo, mejores salarios y una oportunidad para el futuro. Esas fueron las razones que llevaron a muchos jóvenes marroquíes a arriesgar su vida en la peor crisis migratoria de un país donde uno de cada tres menores de 29 años ni estudia ni trabaja.
Jóvenes como Fátima, Ahmed, Mohamed -solo por citar algunos con los que la agencia de noticias EFE habló en la frontera entre Marruecos y Ceuta- dispuestos a lanzarse al mar por el espejismo europeo.
A sus 25 años, Fátima suma veinte intentos de llegar a nado desde Fnideq (Castillejos, norte de Marruecos) al enclave español de Ceuta. “No me importa el riesgo, volveré”, decía esta semana. Y, según confirmó EFE con sus cercanos, esta vez, lo logró.
Fátima engrosaba las estadísticas de desempleo juvenil en Marruecos, es ahora parte de los 60.000 migrantes irregulares que han cruzado a Ceuta y una de las pocas que conseguió quedarse en la ciudad autónoma española.
Varios de sus amigos lo intentaron también, con suerte desigual. “No hay trabajo, no hay futuro, no hay derechos, como sanidad, educación. Mejor intentarlo todo. No hay espacio para los jóvenes”, lanzaban a coro antes de cruzar la frontera.
Sus perfiles se ajustan al grueso de los jóvenes que participaron en este éxodo sin precedentes, que cobró más de 70 vidas, según las autoridades españolas.
Y son los perfiles medios de los “ninis”, los jóvenes que no estudian ni trabajan. Unos 2,9 millones de marroquíes de entre 15 y 29 años, según la Organización Mundial del Trabajo.




