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Empleo, cámaras y cálculo electoral: la carrera que ya enfrenta a Crisóstomo y Sepúlveda

No fue una coincidencia. Mientras el delegado presidencial regional, Diego Sepúlveda (REP), encabezaba el lanzamiento del Plan de Egreso ProEmpleo 2026, el gobernador regional, Óscar Crisóstomo (PS), presentaba la “Meta 2000”, un plan para generar cerca de dos mil empleos mediante obras financiadas por el Gobierno Regional.

Dos anuncios simultáneos, dos comunicados y un mismo objetivo: instalarse como la autoridad que ofrece respuestas frente al desempleo.

La señal fue evidente.

Sepúlveda puso el acento en una política pública nacional y en el acompañamiento a trabajadores que egresan del programa ProEmpleo.

Crisóstomo apostó por la inversión regional, la infraestructura y la coordinación con los municipios. Distintos instrumentos, pero una misma competencia por la agenda.

En Ñuble, el empleo se transformó en el terreno más rentable para hacer política. No solo por la magnitud del problema, sino porque permite exhibir gestión. Cada anuncio genera titulares, fotografías y presencia pública. Y ambos parecen haber concluido que ese espacio no se puede ceder.

La diferencia estuvo menos en el diagnóstico que en el posicionamiento. El delegado defendió el rol del Estado y la continuidad de una política laboral. El gobernador buscó mostrar capacidad de ejecución y resultados concretos. Uno habló desde el aparato público; el otro, desde la gestión regional.

Una disputa que ya es política

La coincidencia de los anuncios cobra más sentido cuando se mira el calendario. Tanto Sepúlveda como Crisóstomo aparecen mencionados en proyecciones parlamentarias. El primero representa a un oficialismo que necesita instalar liderazgos regionales -sobre todo su partido, el Republicano-; el segundo ha construido una exposición que trasciende el cargo de gobernador.

Por eso el empleo dejó de ser solo un tema de gestión. También es una plataforma de posicionamiento.

Crisóstomo convirtió su propuesta en una marca -“Meta 2000”- para instalar un objetivo medible.

Sepúlveda enfatizó el impacto en las personas y el respaldo de las políticas públicas. Dos estrategias distintas para disputar el mismo activo: credibilidad.

La escena también revela cómo cambió la política regional.

Gobernador y delegado ya no solo administran instituciones; compiten por visibilidad, protagonismo y capacidad de marcar la agenda. La descentralización creó un liderazgo con legitimidad electoral que convive con el representante del Ejecutivo, y esa convivencia se ha vuelto cada vez más competitiva.

Ninguno mencionó al otro. Pero ambos parecieron hablarle al mismo público. Mientras Crisóstomo prometía acelerar obras para crear empleos, Sepúlveda reivindicaba el impacto de las políticas laborales del Estado. La omisión terminó siendo parte del mensaje.

La pregunta es cuánto puede durar esa carrera. Porque cuando dos autoridades compiten por el mismo tema, el riesgo es que los anuncios pesen más que los resultados. Y en una región golpeada por el desempleo (10,1% en la última medición, hoy se conocerán las últimas cifras), la medida final no estará en las ceremonias ni en los comunicados, sino en la cantidad de empleos que efectivamente se creen.

La disputa entre las principales autoridades de Ñuble ya no es silenciosa. Y el empleo se convirtió en su principal campo de batalla.

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