Señor Director:
El Día Mundial del Cerebro no solo invita a valorar uno de los órganos más complejos del cuerpo humano. También nos recuerda que existe una emergencia en la que cada minuto cuenta: el accidente cerebrovascular (ACV), una enfermedad que exige actuar sin demora.
Aunque muchas personas siguen creyendo que se trata de un problema asociado exclusivamente a la vejez, puede afectar a adultos de distintas edades. Un diagnóstico y tratamiento oportunos pueden marcar la diferencia entre una recuperación, una discapacidad permanente o incluso la muerte.
Según datos de Interclínica, durante el primer semestre del año los ingresos por ACV aumentaron un 43% en comparación con el mismo período del año anterior. Más que un dato estadístico, este incremento evidencia la necesidad de fortalecer la prevención, reconocer las señales de alerta y consultar de inmediato ante cualquier sospecha.
La pérdida repentina de fuerza en un brazo o una pierna, la desviación de la boca, la dificultad para hablar o comprender, la pérdida brusca de visión y un dolor de cabeza intenso e inusual son síntomas que nunca deben minimizarse. Esperar a que desaparezcan por sí solos puede significar perder una oportunidad invaluable para proteger el cerebro.
Reconocer un ACV y actuar con rapidez puede marcar una diferencia decisiva. En neurología existe una premisa que resume esta urgencia: el tiempo es cerebro.
En este Día Mundial del Cerebro, el desafío va más allá de generar conciencia. Necesitamos que las personas conozcan las señales de alerta y comprendan que una consulta inmediata puede evitar secuelas irreversibles y, muchas veces, salvar una vida. Porque cuando se trata del cerebro, actuar a tiempo marca la diferencia.
Marcos Zambrano
Médico del Servicio de Urgencia




